Análisis: Hamilton, el único en la F1 que no falla en 2022

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El Gran Premio de Abu Dhabi de la pasada temporada fue un antes y un después para la trayectoria de Lewis Hamilton, a pesar incluso de ser el piloto más laureado de la historia de la máxima categoría del automovilismo. Meses de silencio después de no alzarse con su octava corona, las dudas sobre su continuidad copaban las portadas de los medios especializados, aunque poco antes del inicio del nuevo curso salió a acallar todos los rumores.
El británico, con un “me había ido, ahora estoy de vuelta” en su cuenta de Instagram, volvió a la actividad pública con la intención de desempatar con Michael Schumacher en cuanto a número de títulos mundiales.
Sin embargo, el destino le tenía deparado algo que no esperaba, un W13 muy lejos del rendimiento esperado desde la propia pretemporada. Algunos pensaban que se trataba de un simple ‘teatro’ del equipo de la estrella, pero la clasificación del Gran Premio de Bahrein, el que abrió el calendario de 2022, demostró que no era así, con sus dos pilotos a un buen trecho de los líderes, Ferrari y Red Bull.
Con siete décimas de desventaja desde el quinto lugar, Hamilton trató de recuperarse para seguir su racha de buenas actuaciones que arrastraba en el final del pasado curso, pero de no ser por los abandonos por fiabilidad de Max Verstappen y Sergio Pérez, nunca habría conseguido el podio al que se subió en Sakhir, lo que suponía un récord al ser el único piloto que acababa entre los tres mejores en una carrera en 16 temporadas consecutivas.
El inglés parecía ser la punta de lanza de la escudería germana, algo lógico al ser el siete veces campeón contra un George Russell que se estrenaba como titular en Brackley, pero solo un gran premio después, las tornas cambiaron en el garaje de Mercedes.
Las malas sensaciones del monoplaza alemán se hicieron una realidad, aún más evidente, en la clasificación de Arabia Saudí, donde Hamilton cayó en la Q1 por primera vez sin ser debido a un accidente desde el Gran Premio de Gran Bretaña de 2009. El británico se quedó a las puertas de pasar el corte, por lo que tuvo que empezar desde la parte trasera de la parrilla, cosa que no debería de haber sido un gran contratiempo si el coche tuviera ritmo, como no demostró.
En la carrera en Yeda, mientras que su compañero maximizaba el rendimiento acabando quinto, el heptacampeón apenas pudo acabar décimo, a 40 segundos de Russell y preguntándose irónicamente si esa posición otorgaba puntos.
Esa fue la primera ocasión en la que se dudó sobre el rendimiento, no solo del W13, sino de Hamilton, quien daba la sensación de quedarse lejos de su pico de forma, aunque en Australia, fueron las circunstancias las que le privaron de una mejor posición, puesto que los coches de seguridad beneficiaron a Russell en el momento de las paradas.
De esa forma, el más experimentado de la pareja se tuvo que conformar con la cuarta plaza, mientras que el joven pudo descorchar el champán por primera vez con las flechas de plata.
Habían pasado tres carreras y crecían las críticas negativas alrededor de Hamilton, las cuales se elevaron a niveles exponenciales después del Gran Premio de Emilia Romagna. En Imola, el de Mercedes afrontaba el primer fin de semana al sprint del año, y como ocurrió en Melboune, protagonizó una nefasta actuación en la clasificación, y a pesar de que intentó resarcirse en la carrera al sprint, solo pudo ser 14º.
En la prueba principal, se vio envuelto en un tren de coches con el DRS y fue incapaz de adelantar a un, en teoría, más lento AlphaTauri de Pierre Gasly, y acabó fuera de los puntos y doblado por el ganador y rival que le quitó el título el pasado año, Max Verstappen.
Esto se podría haber quedado en una simple anécdota si no fuera por lo que hizo Russell, que remontó hasta la cuarta plaza, abriendo una brecha de más de 20 puntos respecto a Hamilton (49-28).
El siete veces campeón del mundo necesitaba dar una vuelta a la dinámica, y Miami parecía el escenario ideal, y las cosas dieron la sensación cambiar en la clasificación, donde superó a su compañero de nuevo, aunque en la carrera del día siguiente volvió a estar por detrás de él.
Habían pasado cinco fines de semana, suficientes como para hacer una media general de las actuaciones de ambos, y claramente Hamilton salía perjudicado, aunque el Gran Premio de España fue el detonante para el cambio en la mentalidad del de Stevenage.
A pesar de tener un toque en la salida con Kevin Magnussen, el británico demostró que el actualizado Mercedes W13 tenía el ritmo de ganar la carrera, aunque solo pudo ser quinto, mientras que Russell sumaba otro podio.
Mónaco fue un oasis en el desierto de forma negativa, ya que la bacheada pista resultó ser un quebradero de cabeza para las flechas de plata, que pasaron de ser posibles candidatos a vencer a ser quinto y octavo, lejos de los más rápidos. El tema del porpoising era recurrente en el box alemán, y la FIA hizo caso a las quejas tras la cita en Bakú, donde su rebote fue extremadamente fuerte, llegando a dudar de la participación de Hamilton en Canadá después de ser cuarto en Azerbaiyán.
La federación actuó, y aunque se comunicó que la medición no entraría en vigor hasta el Gran Premio de Bélgica, muchos acusaron a Mercedes de haber influido en las decisiones. Sea como fuere, en Montreal, Lewis Hamilton subió al podio para comenzar una racha de cinco fines de semana seguidos entre los tres primeros.
El inglés estuvo en el ritmo de los mejores en Silverstone y aunque en Austria se benefició del abandono por el incendio del Ferrari de Carlos Sainz, fueron dos podios más para su palmarés, aunque el dato que más impresiona es otro, y es el que reafirma que Hamilton nunca se fue.
Los últimos grandes premios hasta el parón veraniego han demostrado la capacidad de liderazgo y recuperación de la que el británico siempre ha hecho gala en sus peores momentos, como cuando en 2009 sumó solo 9 puntos en la primera mitad de año pero consiguió 40 hasta el final de la temporada en la que el campeón, Jenson Button, anotó un total de 95 unidades, 28 de ellas en la misma cantidad de carreras que Hamilton.
En Francia, el inglés se abrió paso hasta lograr una meritoria segunda plaza, resultado que repitió solo una semana después en Hungría, y, aunque se ha visto beneficiado claramente por los errores de Ferrari, es una muestra más de que es el único que no falla.
El de Mercedes, hasta el descanso de verano del presente curso, ha terminado en todas las citas, y solo en Imola se quedó sin sumar puntos. Es cierto que está lejos del resto, ya que es sexto con 146 puntos y Russell tiene 158 unidades, pero el heptacampeón es el único de todos en la parrilla que ha visto la bandera a cuadros en cada gran premio.
Eso ha ayudado en buena medida a reafirmar como tercera escudería a Mercedes con 303 puntos, y aunque es evidente que su estado de forma ha sido peor que el de su compañero, se demuestra que ha ganado en experiencia para saber acabar, lo que le podría dar una posible victoria cuando el resto falle.

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