Ferrari, el origen del Cavallino y la primera victoria de Enzo

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La Fórmula 1 no se entendería sin Ferrari y Ferrari no se entendería sin la Fórmula 1. Una relación de 72 años de historia en los que Il Cavallino Rampante se ha convertido en un icono de la competición y en donde cualquier niño relaciona un coche rojo con un vehículo fabricado en Maranello.
Sin embargo, un 14 de agosto de 1988, ese Rosso Corsa que acompañaba a todos y cada uno de los monoplazas del Gran Circo se apagó después de que su fundador, el inigualable Enzo, se marchara para siempre.
Il Drake, como también era conocido, no solo fue la llama que encendió la chispa por las carreras en un pequeño pueblo italiano, sino que se atrevió a ponerse a los mandos de las máquinas de la época para rivalizar contra otros pilotos y ganarse un nombre en el mundo del automovilismo.
Es curiosa la historia en la que adoptó el ya mundialmente famoso Cavallino en sus coches, y es que todo se debe a una victoria que cosechó en el circuito de Savio, un trazado con más de 44 kilómetros de longitud.
Con un Alfa Romeo RL, el joven de 25 años cubrió las seis vueltas en 2 horas, 52 minutos y 35 segundos para subir a lo más alto del podio, además de firmar el giro más rápido de la prueba, parando el cronómetro en 28 minutos y 32 segundos.
Corría el 17 de junio de 1923, y aquel triunfo del que hay muy pocas documentaciones en la prensa de la época le sirvió al italiano para visitar la ciudad de Ravena, al este de la Emilia-Romaña, donde le esperaba el conde Enrico Baracca, el padre del histórico aviador caído en combate, Francesco, quien utilizaba un caballo rampante en el fuselaje de su aeronave.
Con la insistencia de la condesa Paolina, madre de la figura de la aviación, ya que aseguraba a Enzo que le concedería suerte, el fundador de la histórica marca se decidió por añadir Il Cavallino a sus vehículos.
De esa forma se inició el que sería el emblema más conocido de coches en todo el mundo, pero no se trataba del primer éxito en la trayectoria del que a la postre se convertiría en Il Commendatore.
Para ello hay que remontarse al 5 de octubre de 1919, cuando Enzo había cumplido 20 años y se disponía a llevar a su C.M.N. 15/20 de 2,3 litros y cuatro cilindros a lo más alto en una cita en Parma-Poggio di Berceto. Muy joven, con poca experiencia y el dorsal 29 a lomos de su vehículo, el italiano cosechó una undécima posición en la general, además de la cuarta plaza en su categoría, un resultado más que digno para un recién llegado a la competición.
No obstante, fue el 24 de octubre de 1920 cuando la leyenda de Ferrari comenzó. En las carreteras de los montes de Madonia, en la provincia de Palermo al noreste de Sicilia, Enzo se disponía a batir a sus rivales con un Alfa Romeo 20/40 en el trazado de Targa Florio, y aunque no fue una victoria general, sí fue el más rápido en su categoría, iniciando así una unión con la firma turinesa que se alargó durante más de una década hasta su adiós de las carreras un 9 de agosto de 1933 en la pista de las Tres Provincias.
El motivo de su retirada de los circuitos se debía al nacimiento de su hijo, y es que prometió a su mujer, Laura Dominica, que “si el niño nacía bien, lo dejaría definitivamente”. Décadas después, el apellido Ferrari está marcado en letras de oro en todos los libros de historia, y solo el tiempo puede decir hasta qué punto llegará Il Cavallino.

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