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El hambre de los pilotos es insaciable, y muy pocos en la historia han conseguido calmar la sed de sangre cuando tenían a su presa delante para asegurar un resultado que pueda servir a final de temporada en una hipotética consecución del título.

Durante el pasado Gran Premio de Emilia Romagna, Leclerc defendía su liderato en el campeonato en un formato de fin de semana sprint que resultó ser bastante emocionante debido a su lucha con Max Verstappen.

El piloto monegasco perdió la pole position después de que apareciera la bandera roja de Lando Norris en la clasificación, y en la carrera sprint consiguió ponerse en cabeza en la salida. Sin embargo, la gestión de sus neumáticos provocó que cayera a la segunda posición en favor del vigente campeón del mundo en las vueltas finales, haciendo que saliera por detrás el domingo, además de no sumar ese punto extra por ganar la sesión corta.

En la carrera principal, el de Ferrari salió muy mal debido a una zona más resbaladiza del asfalto, y descendió hasta la cuarta plaza, detrás de Verstappen, Sergio Pérez y Norris. En su intento de remontada, Leclerc trató de superar al mexicano para subir al segundo escalón del podio, para lo que se arriesgó en exceso.

Después de muchas vueltas a unos dos segundos del Red Bull, en el garaje de Maranello decidieron ir al «Plan D» para intentar superar a Pérez. En un inicio funcionó, ya que salieron por delante después de la parada, con un juego de blandos nuevo tras hacer un overcut, pero como el mexicano tenía los neumáticos con mejor temperatura, lo adelantó sin mayores problemas en la chicana Villeneuve.

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El ritmo del RB18 era superior en Imola, pero el monegasco no se rendía, por lo que se mantenía a su estela. En el giro 53 todo cambió, puesto que una entrada en la Variante Alta demasiado agresiva provocó que Leclerc se fuera contra el muro, dañando su F1-75.

El de Ferrari probablemente se jugó el trompo debido a que después de esa curva llegaba el punto de detección del DRS, lo que proporciona una gran ventaja en la recta. En la telemetría ofrecida por la Fórmula 1 en su canal de YouTube se puede ver cómo frenó mucho más tarde que «Checoo» Pérez, y eso hizo que su monoplaza entrara con demasiada velocidad en el vértice, provocando que el coche saliera volando por encima del gran bordillo amarillo conocido como ‘salchicha’. En el aterrizaje está la clave, puesto que perdió el control cuando las gomas tocaron el asfalto en un ángulo que favoreció que fuera contra las protecciones al girar estando en el aire, y dañó el morro, además de dejar unos planos en los neumáticos.

Leclerc, una vez que salió de donde se había quedado estancado, fue de un lado a otro, moviendo su volante de una forma brusca para comprobar el estado del monoplaza y, tras ver que ya había tomado demasiados riesgos, paró para cambiar el alerón, descartando así que se pudiera descolgar.

En caso de que hubiera perdido el morro, es casi seguro que habría acabado en la grava o contra el muro, pero al entrar en el pitlane, regresó a pista en la novena plaza, iniciando una mini sesión de clasificación de 10 giros para intentar sumar el máximo número de puntos posible.

A lo largo de las vueltas, Leclerc pudo ascender hasta la sexta plaza, cosechando 8 unidades, algo que, mirándolo con perspectiva al estar tercero, no le salió tan mal, ya que solo se dejó 7 puntos tras un error que, normalmente, finaliza en un abandono por rotura de la suspensión.

«Lo siento. A todos vosotros, chicos», dijo el piloto al cruzar la línea de meta, sabiendo que no debe volver a cometer este tipo de fallos si quiere seguir siendo un candidato a conseguir su primer título mundial de Fórmula 1.