Durante años, uno de los argumentos más repetidos contra los vehículos eléctricos ha sido que son menos fiables que los tradicionales de gasolina o diésel, más propensos a averías y que generan reparaciones complejas y costosas. Sin embargo, los datos recientes de asociaciones automovilísticas y estudios técnicos están desmentido ese discurso.
Así lo describe Enrique Dans, profesor en IE Business School y doctor por la UCLA, especializado en tecnología, innovación y transformación digital, recopilando las cifras que muestran que los coches eléctricos no solo no se quedan tirados con mayor frecuencia, sino que además su reparación en carretera se resuelve más a menudo sin remolque que en los coches de motor de combustión interna.
Un informe basado en encuestas a más de 2.000 conductores en el Reino Unido, recopilado por la organización AA y Autotrader, revela que cuando un vehículo eléctrico sufre una avería, las asistencias en carretera logran solucionar el problema en más ocasiones que en los vehículos tradicionales.
Para sorpresa de muchos, el inconveniente más habitual en los coches convencionales sigue siendo la batería de 12 V, que alimenta sistemas auxiliares, más que cualquier falla asociada a las baterías de tracción de los vehículos eléctricos
Esa tendencia no se limita a estudios puntuales. El club automovilístico alemán ADAC, uno de los más respetados de Europa, informa que los eléctricos tienen una menor tasa de averías durante los primeros años de uso que los modelos de combustión.
Por ejemplo, en un análisis del parque de vehículos matriculados entre 2020 y 2022, la tasa de fallos fue de 8,5 por cada 1.000 vehículos eléctricos, frente a 12,9 en coches de combustión con similar edad. Incluso a medida que el parque total crece, mantienen esa ventaja en fiabilidad.
La razón principal de esta mejora es, en gran medida, la simplicidad mecánica: un motor eléctrico tiene muchos menos componentes móviles que un motor de gasolina o diésel, no requiere aceite ni complejas transmisiones, y está sujeto a menores tensiones térmicas. Ello se traduce en menos piezas susceptibles de desgaste o fallo.
Otro indicador robusto surge de estudios independientes. Una investigación internacional publicada en Nature con 300 millones de registros de inspecciones técnicas en el Reino Unido estimó que los vehículos eléctricos alcanzan una vida útil media de unos 18,4 años, prácticamente igual o incluso superior a la de los coches de gasolina (18,7 años) y claramente por encima de los diésel (16,8 años). Según The Guardian, marcas como Tesla lideraron en longevidad dentro del segmento eléctrico en ese análisis.
A pesar de estos datos, la percepción pública sigue algo rezagada. Encuestas entre consumidores muestran que todavía persisten miedos infundados, como la idea de que un vehículo eléctrico “se rompe más” o que una futura sustitución de batería será inevitable y extremadamente costosa.
Sin embargo, la incidencia de incidentes por falta de carga también ha disminuido de forma notable en la última década, representando solo una pequeña proporción de las asistencias realizadas en carretera.
La evolución del ecosistema de mantenimiento y reparación también ha ayudado a reforzar esta fiabilidad. Hoy, una mayoría amplia de talleres y servicios móviles están equipados para atender vehículos eléctricos, mientras que la infraestructura de apoyo (como puntos de recarga pública) continúa expandiéndose rápidamente en Europa y otras regiones avanzadas.
No todos los estudios coinciden en todos los aspectos: algunas encuestas generalistas han sugerido niveles de averías relativamente altos en ciertos modelos eléctricos, sobre todo por cuestiones de software o periféricos electrónicos, pero estas métricas no siempre reflejan fallos que impiden la circulación, ni ponderan adecuadamente la mejora tecnológica constante de los vehículos eléctricos más modernos.
El argumento de que los coches eléctricos son menos fiables o más propensos a averías es hoy insostenible. Tanto datos de clubes automovilísticos europeos como análisis estadísticos a gran escala muestran que los vehículos eléctricos tienen capacidad de reparación inmediata superior, menores tasas de incidencia mecánica real y una vida útil comparable a la de sus homólogos de combustión.
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Los clubs automovilistas lo aseguran y 2.000 conductores lo corroboran: es un bulo la supuesta fragilidad de los coches eléctricos

