El debate sobre la necesidad de coches eléctricos pequeños y baratos en Europa está más vivo que nunca, pero Skoda ha decidido desmarcarse de esta tendencia. La marca ha ratificado que no tiene planes de desarrollar un modelo eléctrico en el formato del antiguo Citigo. Esta decisión supone un jarro de agua fría para quienes esperaban una versión checa del futuro utilitario de acceso del Grupo Volkswagen, que busca democratizar el enchufe con un precio de salida de 20.000 euros.
La razón detrás de este movimiento es puramente económica. Martin Jahn, responsable de ventas y marketing de Skoda, ha dejado claro que, aunque la Unión Europea planea incentivar los coches eléctricos pequeños, los costes de producción actuales y la baja rentabilidad del segmento A0 siguen siendo obstáculos insalvables. En lugar de luchar en el barro de los márgenes mínimos, la compañía prefiere centrar sus recursos en segmentos donde el valor añadido y el beneficio por unidad sean más sostenibles a largo plazo.
Con el adiós definitivo a un posible mini-eléctrico urbano, el protagonismo recae ahora sobre el próximo gran lanzamiento de la marca: el Skoda Epiq. Este modelo se convertirá oficialmente en el coche eléctrico más pequeño y accesible de la gama. Se trata de un SUV compacto que, aunque comparte plataforma con otros modelos del grupo, mantendrá la filosofía de funcionalidad y espacio que caracteriza a Skoda.
La estrategia es clara: si el cliente quiere un Skoda eléctrico, tendrá que dar el salto al formato SUV. El Epiq está diseñado para ofrecer una versatilidad que un coche del tamaño del Citigo simplemente no puede igualar, permitiendo a la marca justificar un precio de venta superior y asegurar que el vehículo sea apto tanto para la ciudad como para trayectos interurbanos, algo vital para mantener la imagen de marca de coche único para la familia. Aunque su precio será ligeramente más alto, en torno a los 25.000 euros de tarifa base.
Aunque el formato Citigo está descartado, Skoda no cierra la puerta a un utilitario algo mayor. Las especulaciones sobre un equivalente eléctrico al Fabia, que sería el hermano gemelo del esperado Volkswagen ID.Polo, siguen sobre la mesa, pero con una fecha de llegada muy lejana. Jahn ha señalado a un famoso medio inglés que esta posibilidad solo se considerará seriamente cuando los precios de las baterías bajen lo suficiente como para que el proyecto sea viable.
A pesar de su éxito, Skoda nunca consiguió amasar grandes fortunas con el que ha sido su coche eléctrico más pequeño. A finales de la década pasada los checos perdían casi 8.000 euros por cada unidad vendida. Hoy, está claro que el panorama sería muy diferente. Sin embargo, la industria ha demostrado que siguen sin dar beneficios. El propio Jahn lo deja claro: «no vemos ninguna manera de producir un automóvil de este tipo de manera rentable, por lo tanto, actualmente no tenemos planes para un automóvil eléctrico más pequeño que el Epiq».
Esta decisión pone de relieve la encrucijada en la que se encuentran los fabricantes europeos. Por un lado, la presión regulatoria pide coches pequeños y limpios; por otro, la realidad del mercado muestra que los usuarios prefieren SUVs y que las marcas necesitan beneficios para pagar la transición energética. Al renunciar al segmento A, Skoda cede ese espacio a otras marcas del grupo o a la competencia asiática, apostando todo a su capacidad para vender vehículos más grandes y equipados.
Es una jugada arriesgada pero lógica dentro del panorama industrial de 2026. Al alejarse de los microurbanos, Skoda evita la guerra de precios extrema que se avecina en el escalón de los 20.000 euros. La marca prefiere seguir siendo percibida como la opción inteligente por espacio y soluciones «Simply Clever», algo que es más fácil de demostrar en un SUV de cuatro metros que en un utilitario minimalista de apenas tres metros y medio.
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Si estás esperando el regreso del Skoda Citigo, más vale que vayas poniéndote cómodo: "el reto radica en la rentabilidad"

