El debate sobre el futuro del coche eléctrico en Europa suele estar marcado por una idea muy extendida: que el continente ha perdido definitivamente la carrera frente a China. Es cierto que la ventaja que el sector tenía en los coches de combustión se ha evaporado al pasar a los vehículos de baterías, en los que el país asiático lleva una clara ventaja. Sin embargo, desde Transport & Environment (T&E) creen que es una situación que se exagera.
Su director ejecutivo, William Todts, lanza un mensaje claro y directo que cuestiona uno de los argumentos más repetidos por la industria: “Los vehículos eléctricos son la palanca definitiva para acabar con la dependencia de Europa del petróleo importado. El argumento de la industria de que vamos muy por detrás de China y de que debemos suavizar la normativa sobre las emisiones de CO2 de los automóviles para ayudarles a competir es totalmente erróneo”.
“La normativa no es el problema. Es lo que mantiene a Europa en la carrera por el liderazgo mundial en el sector de los vehículos eléctricos de batería. Tenemos que acelerar, no rendirnos”, añade.
Estas declaraciones se apoyan en el informe “Estado del transporte europeo”, según el cual Europa no está tan lejos de China como muchos creen: la diferencia en ventas de coches eléctricos se ha reducido hasta situarse en un margen de apenas tres años.
Parte de esta mejora se explica por el crecimiento sostenido del mercado europeo de vehículos eléctricos, impulsado en buena medida por una regulación más exigente en materia de emisiones que, de hecho, va a ir a más, hasta que llegue a su punto álgido en 2035. El organismo apunta que, lejos de ser un obstáculo, como argumentan algunos fabricantes, estas normas han sido clave para acelerar la electrificación del parque automovilístico. Es por eso que T&E insiste en que relajar estos objetivos podría tener el efecto contrario: frenar la adopción del coche eléctrico y debilitar la posición competitiva de Europa frente a China.
No obstante, el informe también señala que el progreso no es uniforme dentro del continente. Países como Dinamarca o Países Bajos, donde la penetración del vehículo eléctrico es elevada, están logrando reducciones significativas en las emisiones de carbono del transporte. En cambio, otros mercados como España avanzan a un ritmo más lento, lo que lastra el promedio europeo. Esta disparidad pone de manifiesto que el reto no es solo tecnológico o industrial, sino que también influyen las políticas y las infraestructuras existentes.
A pesar de la reducción de la brecha, China mantiene una posición dominante en aspectos clave del ecosistema eléctrico. El país asiático lidera la producción de baterías y controla gran parte de las materias primas necesarias para su fabricación, además de concentrar una gran parte de la producción global de vehículos eléctricos. Todo esto le otorga una ventaja estratégica que Europa todavía no ha conseguido igualar.
Sin embargo, desde T&E subrayan que esta ventaja no es insalvable. La organización considera que, si Europa mantiene el rumbo actual y refuerza sus políticas industriales, podría incluso recuperar el liderazgo en el futuro.
Todts concluye: “El informe sobre el Estado del Transporte Europeo transmite un mensaje contundente. El Pacto Verde Europeo es una hoja de ruta hacia la economía de tecnologías limpias del futuro y el plan para reforzar la seguridad europea mediante la reducción de la dependencia de las importaciones de petróleo. Sin embargo, está siendo objeto de ataques por parte de los fabricantes de automóviles europeos, a quienes les preocupan más los beneficios a corto plazo que la seguridad y la sostenibilidad a largo plazo. La UE debe resistir las presiones para debilitar aún más la normativa”.
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"Es totalmente erróneo, la normativa no es el problema", asegura el CEO de T&E, que sitúa a Europa a 'solo' 3 años de China en ventas de coches eléctricos

