Tesla le da un nuevo sentido a la dirección por cable patentando un volante de doble giro que alcanza los 340 grados

Tesla le da un nuevo sentido a la dirección por cable patentando un volante de doble giro que alcanza los 340 grados

Tesla no deja de mover ficha en el terreno tecnológico. La compañía de Elon Musk ha registrado una patente que podría transformar uno de los elementos más básicos, y probablemente más ignorados, del coche eléctrico: el volante.
El documento, publicado el 19 de marzo de 2026 y firmado por los ingenieros Stephen Alexander Harasym y Joel Timothy Van Rooyen, describe un sistema de dirección electrónica sin conexión mecánica directa capaz de duplicar el recorrido de giro respecto a los estándares actuales.
La patente lleva por nombre técnico Multi-Turn Steering Feedback Actuator y supone un paso más en la evolución del steer-by-wire, una tecnología que se convertirá en el estándar de la movilidad eléctrica de próxima generación.
Los sistemas steer-by-wire convencionales eliminan la columna de dirección física y sustituyen la conexión entre volante y ruedas por señales electrónicas. La sensación de conducción se reproduce mediante actuadores, pero estos sistemas arrastran una limitación importante: los topes físicos que evitan daños mecánicos restringen el ángulo de giro a entre 170 y 180 grados hacia cada lado.
El resultado es un volante que puede sentirse artificial, con una respuesta menos intuitiva que la de una dirección tradicional, especialmente en maniobras de baja velocidad o aparcar. Tesla identifica exactamente ese punto débil y propone una solución de ingeniería concreta.
La innovación central de la patente es un mecanismo de doble etapa que combina un eje de entrada, un perno y un anillo de tope rotatorio. La clave está en que el anillo puede girar antes de alcanzar el límite final, lo que permite ampliar el recorrido de manera progresiva.
El resultado numérico es claro: el sistema puede alcanzar hasta 340 grados de giro hacia cada lado, el doble del estándar habitual. Según el documento, los ingenieros podrán configurar el rango de entre 170 y 340 grados en función del modelo y del perfil de conducción, con un arco total potencial de 540 grados. Esto da margen para adaptar la experiencia de manejo tanto a conducción deportiva como a uso urbano intensivo.
Más allá de la ampliación del ángulo, la patente incorpora una mejora que afecta directamente a la sensación al volante: elementos de amortiguación fabricados en polímero situados en las superficies de contacto del mecanismo.
Estos anillos absorben los impactos cuando el volante llega a sus límites de giro y generan una resistencia progresiva, evitando los golpes bruscos que pueden percibirse en los sistemas actuales.
La integración con los motores del sistema se realiza mediante engranajes o poleas con correas, lo que permite ofrecer retroalimentación háptica variable y reproducir con precisión la resistencia característica de una dirección mecánica convencional, pero con mayor capacidad de personalización.
Este desarrollo no es ajeno al contexto estratégico de Tesla. La compañía lleva años construyendo su ecosistema de conducción autónoma sobre la plataforma Full Self-Driving (FSD), y un sistema de dirección más flexible y con mayor rango de respuesta es una pieza útil en esa arquitectura.
Un volante desacoplado mecánicamente y con retroalimentación configurable abre la puerta a que el software de conducción autónoma tome el control con mayor libertad, sin las restricciones físicas de una columna tradicional.
No es casual tampoco que la patente mencione posibles aplicaciones en futuros modelos de la marca, entre los que se señalan el próximo Roadster y el Cybertruck, dos vehículos que Tesla sigue desarrollando con vocación de referencia tecnológica.
La publicación de esta patente se produce en un momento en que Tesla trabaja por recuperar terreno comercial tras un primer trimestre de 2026 marcado por la presión competitiva de marcas como BYD, Hyundai o Kia, que refuerzan su oferta eléctrica en Europa y Asia.
En ese contexto, la innovación en la interfaz conductor-vehículo (el volante, los sistemas hápticos, la retroalimentación en tiempo real) se convierte en un argumento diferencial más allá del rango de batería o la potencia.
El steer-by-wire ya está presente en modelos como el Lexus RZ 450e o el Infiniti Q50 de hace una década, pero ninguno ha llevado el concepto tan lejos en cuanto a ángulo de giro y amortiguación progresiva. Si Tesla lleva esta patente a producción, el listón técnico se eleva de forma significativa para el conjunto del sector.
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