Jaguar ha quemado las naves. En una reciente entrevista, Rawdon Glover ha reafirmado el compromiso inquebrantable de la firma británica con su reinvención como marca de lujo 100% eléctrica. Tras meses de especulaciones que sugerían que la compañía podría estar desarrollando motores de gasolina o híbridos en secreto para mitigar la desaceleración del mercado eléctrico, Glover ha sido tajante: Jaguar ha dejado de invertir en cualquier tecnología que no sea de batería.
Esta estrategia, parte del plan «Reimagine» de JLR (Jaguar Land Rover), supone un borrón y cuenta nueva histórico. Jaguar no solo está cambiando motores; está abandonando el mercado de volumen para competir con marcas como Bentley y Porsche. Según Glover, la marca se encuentra en el inicio de una fase que requiere un «claro quiebre con las convenciones anteriores», lo que explica la controvertida decisión de pausar las ventas de modelos nuevos en mercados clave como el Reino Unido mientras se prepara el lanzamiento de su nueva era.
El primer exponente de esta metamorfosis será un Gran Turismo de cuatro puertas cuya producción comenzará a mediados de este 2026. Este modelo, que busca rivalizar con el Porsche Taycan, promete cifras que lo sitúan en la cúspide del rendimiento eléctrico. Con una autonomía superior a los 700 kilómetros, Jaguar plantea un agresivo desarrollo donde el diseño y la aerodinámica (Cd 0,23) han condicionado el proyecto.
Con una altura aproximada de 140 cm, el equipo de Jaguar se ha enfrentado al clásico dilema entre la capacidad de la batería y la estética. El propio Glover ha reconocido que los problemas se han resuelto mediante “soluciones técnicas alternativas”. En concreto, parte de la batería se ubica delante de la estructura inferior del vehículo. Esto ha requerido una revisión completa de la gestión energética y del comportamiento en caso de colisión. Al fin y al cabo, tanta ingeniería no saldrá barata. El precio de salida del Jaguar GT eléctrico se situará por encima de los 130.000 euros.
Glover también ha confirmado que Jaguar no entrará en el segmento de los SUVs grandes, ya que ese terreno está reservado para su marca hermana Range Rover. El enfoque de Jaguar será el de coches bajos, de proporciones marcadas y una identidad visual radicalmente distinta a todo lo visto hasta ahora en la marca.
A diferencia de competidores como Mercedes o BMW, que han flexibilizado su transición manteniendo motores de combustión, Jaguar ha decidido no tener un «Plan B». Glover admite que están asumiendo riesgos deliberados al no planificar soluciones híbridas, pero sostiene que es la única forma de reconstruir una marca que había perdido su brillo. «No queremos ser amados por todos», ha llegado a declarar la directiva, enfatizando que el nuevo Jaguar será un producto de nicho para clientes que buscan exclusividad y vanguardia.
Según Glover, la estrategia de comunicación en torno a la presentación inicial del concepto generó una respuesta inesperadamente fuerte y, en algunos casos, muy negativa. El objetivo era transmitir un mensaje de cambio radical: “Miren: Jaguar está haciendo algo realmente radical”. Sin embargo, la gran atención recibida provocó que se perdiera temporalmente el control sobre la imagen pública, dado que las redes sociales tienen dificultades para transmitir mensajes complejos de forma eficaz.
Posteriormente, y tras notar una mala aceptación inicial, Jaguar comenzó a presentar su contenido de una manera más matizada, centrándose en aspectos técnicos como la dinámica de conducción. Esto abrió un mayor margen para una comunicación más detallada. Al mismo tiempo, el interés por la marca aumentó significativamente, lo cual se considera un avance positivo. Sin embargo, a pesar de los cambios, Jaguar no atraviesa su mejor momento tras haber cambiado de CEO y después de despedir al jefe de diseño, Gerry McGovern, principal artífice de la agresiva estética del GT.
Fuente: Motor1
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Todo o nada, el CEO de Jaguar, Rawdon Glover, define el futuro de la empresa: "No estamos trabajando en ningún otro modelo"

