El transporte por carretera en Europa acaba de dar un paso decisivo hacia la electrificación. Cuatro camiones eléctricos de fabricantes líderes han completado un recorrido de 1.000 kilómetros entre París y Berlín, utilizando exclusivamente una red de carga específica para vehículos pesados.
La iniciativa, impulsada por la joint-venture (o alianza estratégica) Milence —creada por Daimler Truck, Volvo Group y Traton—, busca demostrar que el transporte eléctrico de larga distancia no solo es posible, sino también rentable.
Uno de los puntos clave del recorrido ha sido la inauguración de una nueva estación de carga en Kassel-Lohfelden, en Alemania. Este punto cuenta con cargadores de hasta 400 kW y, por primera vez en la red, integra un sistema de almacenamiento energético con baterías.
Este avance permite instalar estaciones incluso en zonas con limitaciones en la red eléctrica, acelerando el despliegue de infraestructuras. Actualmente, la red de Milence suma 34 estaciones en ocho países europeos, con planes de alcanzar 50 antes de finales de 2026.
Además, la compañía ya trabaja en la implementación del sistema de carga ultrarrápida MCS (Megawatt Charging System), clave para reducir los tiempos de recarga en rutas de larga distancia.
El convoy ha estado formado por modelos como el Mercedes-Benz eActros 600, el MAN eTGS, el Volvo FH Electric y el Renault Trucks E-Tech T.
Durante el trayecto, los vehículos cubrieron etapas de hasta 350 kilómetros sin dificultades, incluso con cargas parciales. Según los conductores, la conducción eléctrica ofrece ventajas claras frente al diésel, especialmente en maniobras y aceleración.
Uno de los datos más relevantes del proyecto es el coste operativo. Según Milence, el coste por kilómetro de un camión eléctrico se sitúa en torno a 0,995 euros, ligeramente por debajo del diésel, estimado en 1,003 euros.
A esto se suma el impacto ambiental. Utilizando energía renovable, cada camión puede reducir hasta 1.470 kg de CO2 en este tipo de trayectos. Un argumento clave en un contexto de presión regulatoria y objetivos climáticos cada vez más exigentes en la Unión Europea.
A pesar del avance, no todo son buenas noticias. Uno de los principales problemas detectados es la lentitud en la concesión de permisos y conexiones eléctricas, especialmente en países como Alemania.
Desde Milence advierten que los plazos pueden ser hasta diez veces más largos que en otros mercados europeos, lo que podría frenar el despliegue de infraestructuras si no se toman medidas urgentes.
El éxito del corredor París-Berlín confirma que la electrificación del transporte pesado ha dejado de ser una promesa para convertirse en una realidad tangible. La combinación de avances tecnológicos, reducción de costes y expansión de infraestructuras está acelerando una transición que parecía lejana hace solo unos años.
Si se mantiene el ritmo actual, Europa podría liderar la transformación global hacia un transporte de mercancías más limpio, eficiente y sostenible.
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4 camiones eléctricos han recorrido una ruta de 1.000 km por menos de 1 €/km, y eso es más barato que el transporte con diésel

