China da una lección tras evitar 262.000 muertes prematuras en 13 años gracias a su política de vehículos eléctricos

China da una lección tras evitar 262.000 muertes prematuras en 13 años gracias a su política de vehículos eléctricos

La expansión del coche eléctrico suele analizarse desde el punto de vista del impacto industrial que está teniendo sobre fabricantes tradicionales. Sin embargo, un nuevo estudio científico pone el foco en una consecuencia mucho más inmediata: la salud pública. Según esta investigación, la rápida adopción de vehículos electrificados en China ha evitado ya aproximadamente 262.000 muertes prematuras gracias a la mejora de la calidad del aire en las ciudades del país.
La información ha sido difundida recientemente por un trabajo revisado por pares y publicado en la revista científica Nature Health. Los investigadores analizaron cómo el crecimiento del parque de vehículos de nueva energía (eléctricos, híbridos enchufables y con extensor de autonomía) ha influido sobre la contaminación atmosférica entre 2010 y 2023.
Para llegar a la conclusión de que, en 13 años, se han salvado más de 262.000 vidas, los autores emplearon datos de alta resolución obtenidos mediante satélites, combinados con técnicas de aprendizaje automático capaces de identificar la relación entre la penetración de los vehículos electrificados y la evolución de determinados contaminantes presentes en el aire urbano.
El estudio señala que, en 2023, la expansión de los vehículos de nueva energía estuvo asociada a una reducción del 23,8% en la concentración de partículas PM2.5, consideradas especialmente perjudiciales para la salud por su capacidad para penetrar profundamente en los pulmones e incluso alcanzar el torrente sanguíneo. En términos absolutos, esta caída equivaldría a 8,97 microgramos menos por metro cúbico.
Los investigadores también detectaron una disminución del 30,67% en los niveles de monóxido de carbono, lo que supone una reducción cercana a 0,26 miligramos por metro cúbico. Sin embargo, el efecto fue menos acusado en otros contaminantes vinculados al tráfico rodado, como el dióxido de nitrógeno o las partículas PM10, lo que delata que todavía existen importantes fuentes emisoras más allá del automóvil particular.
Uno de los aspectos más interesantes del informe es que los beneficios sanitarios no se distribuyen de forma homogénea por todo el territorio chino. Las áreas urbanas más desarrolladas económicamente fueron las que registraron mayores mejoras en la calidad del aire y, por tanto, un impacto más significativo sobre la mortalidad asociada a la contaminación.
Según los cálculos de los autores, la reducción de contaminantes habría contribuido a evitar alrededor de 262.000 fallecimientos prematuros. Además, la investigación estima que unas 75.000 muertes por todas las causas también podrían haberse prevenido gracias a estos avances ambientales. Entre las patologías relacionadas con la exposición prolongada a la contaminación destacan enfermedades cardiovasculares, problemas respiratorios y determinados tipos de cáncer. En total, en realidad, la política de vehículos eléctricos habría salvado a alrededor de 340.000 personas.
No obstante, los expertos advierten de que estas ventajas siguen siendo desiguales. Las regiones con menor desarrollo económico presentan tasas inferiores de adopción de vehículos electrificados y una infraestructura de recarga menos extensa, factores que limitan la extensión de estos efectos positivos sobre la salud.
Los autores del estudio consideran que sus resultados aportan una nueva dimensión al debate sobre la transición energética. Habitualmente, las políticas de electrificación se justifican por la necesidad de reducir las emisiones responsables del cambio climático, pero esta investigación pone de manifiesto que también pueden generar beneficios directos y relativamente rápidos sobre la calidad de vida de millones de personas.
Aun así, el trabajo también identifica retos pendientes. Uno de ellos es la necesidad de acelerar la sustitución de los vehículos pesados con motor diésel, responsables de una parte importante de las emisiones urbanas más dañinas. Del mismo modo, los investigadores defienden la conveniencia de extender los incentivos y las infraestructuras hacia regiones menos favorecidas para evitar que los beneficios sanitarios queden concentrados únicamente en las grandes ciudades.
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