Paso clave para las baterías de sodio: llegarán en 2027 porque han abaratado su precio y ya cuestan casi lo mismo que las actuales

Paso clave para las baterías de sodio: llegarán en 2027 porque han abaratado su precio y ya cuestan casi lo mismo que las actuales

Las baterías de sodio llevan años presentándose como una de las grandes alternativas al litio, pero hasta ahora existía una barrera clave y que parecía difícil de superar: el coste de producción. Ese ‘muro’ impedía que esta tecnología pudiera competir frontalmente con las actuales baterías LFP, ampliamente utilizadas en coches eléctricos por su buena relación entre precio, durabilidad y seguridad. Sin embargo, nuevos datos llegados desde CATL, en China, apuntan a que ese escenario podría estar cambiando mucho antes de lo previsto.
Según afirman desde la consultora china ICC Xinchen Information, CATL ha conseguido reducir el coste de fabricación de sus celdas de sodio hasta una horquilla de entre 0,35 y 0,40 yuanes (0,045 y 0,052 euros al cambio actual) por Wh durante el primer trimestre de 2026, una cifra que acerca esta tecnología al nivel de las baterías actuales de LFP.
La referencia del mercado para las baterías LFP se sitúa actualmente en torno a 0,34 yuanes (0,044 euros) por Wh, apenas un punto menos que el mejor dato logrado por las nuevas celdas de sodio de CATL. En la práctica, esto significa que la diferencia económica entre ambas tecnologías se ha reducido hasta un punto casi insignificante, algo impensable hace apenas unos años.
El mencionado informe publicado también señala que esta evolución no ha terminado. Las previsiones de la industria apuntan a que la mejora de los procesos productivos y el aumento del volumen de fabricación permitirán que las baterías de sodio sean incluso más baratas que las LFP antes de que finalice 2027. De cumplirse estas estimaciones, el sodio dejaría de ser una promesa para convertirse en una alternativa plenamente competitiva.
Este avance resulta especialmente relevante porque el sodio es un material mucho más abundante y económico que el litio. Además de reducir la dependencia de determinadas materias primas, esta tecnología puede ofrecer una mayor estabilidad en el suministro y una menor exposición a las fluctuaciones de precios que ha sufrido el mercado del litio durante los últimos años.
El descenso de costes coincide con la llegada de la segunda generación de baterías de sodio de CATL, comercializadas bajo la marca Naxtra. Estas celdas alcanzan una densidad energética de hasta 175 Wh/kg, una cifra que la compañía considera un referente para esta tecnología y que ya permite plantear vehículos eléctricos con autonomías superiores a los 400 kilómetros.
Precisamente, CATL y Changan ya han presentado el primer turismo de producción equipado con esta tecnología. La estrategia de la firma china consiste en impulsar una convivencia entre las baterías de litio y las de sodio, aprovechando las ventajas de cada química según el tipo de vehículo y las necesidades del mercado. La propia empresa espera que entre 10.000 y 20.000 coches eléctricos monten baterías de sodio a lo largo de 2026.
Además del precio, las baterías de sodio destacan por gran periodo útil en climas muy fríos, uno de los puntos débiles tradicionales de muchas baterías de litio. Esta característica, unida a la elevada disponibilidad del sodio y a unos costes cada vez más reducidos, convierte a esta química en una opción especialmente interesante para vehículos de acceso y modelos destinados a mercados donde el factor económico resulta determinante.
Los datos publicados muestran que la carrera por abaratar las baterías entra en una nueva fase. Durante los últimos años la industria había centrado buena parte de sus esfuerzos en mejorar la autonomía y la velocidad de carga, pero ahora el foco vuelve a situarse en el coste de producción, un aspecto decisivo para conseguir coches eléctricos más asequibles.
De hecho, si las previsiones de CATL se cumplen, 2027 podría marcar el momento en el que las baterías de sodio superen definitivamente a las LFP en términos de precio. No significará el final del litio, pero sí abrirá la puerta a una nueva generación de vehículos eléctricos más baratos, menos dependientes de materias primas críticas y con una tecnología que, hasta hace poco, parecía reservada únicamente al futuro.
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