
Fernando Alonso tenía que viajar a Madrid para disputar este fin de semana el primer Gran Premio de España de Fórmula 1 en Madring. Pero antes decidió hacer una pequeña escala. Una de esas que, viendo lo que había esperándole en Barcelona, seguramente cualquiera habría hecho.
“Uno de los mejores días del año. Juguetes + Barcelona”, escribía el asturiano este miércoles por la mañana en Instagram.
Y lo de ‘juguetes’ se quedaba bastante corto.
Porque Alonso pasó por el Circuit de Barcelona-Catalunya para disfrutar de una jornada privada al volante de algunos monoplazas que forman parte de la historia de la Fórmula 1 y, de paso, viajar durante unas horas a una categoría muy diferente a la que lleva meses criticando en 2026.
Hubo un Toleman. Hubo McLaren. Hubo Ayrton Senna. Hubo incluso reencuentro con uno de sus propios coches. Y para explicar lo que sintió con uno de ellos, Alonso necesitó únicamente un emoji: un violín.
Entre los coches que Alonso mostró a través de sus historias de Instagram aparecieron dos particularmente especiales: el Toleman TG183B de 1984 y el McLaren MP4/4 de 1988.
No son dos F1 cualquiera.
El TG183B fue el monoplaza con el que Ayrton Senna comenzó su trayectoria en el Mundial. El brasileño lo utilizó en las cuatro primeras carreras de su temporada de debut en 1984 y consiguió con él sus primeros puntos en la categoría, antes de pasar al TG184 con el que llegaría aquel legendario segundo puesto bajo la lluvia de Mónaco.
Del otro lado estaba prácticamente el extremo opuesto de aquella historia: el McLaren MP4/4 de 1988, uno de los monoplazas más dominantes que ha visto la Fórmula 1.
McLaren ganó con él 15 de las 16 carreras de aquella temporada y Senna consiguió ocho triunfos para conquistar su primer título mundial frente a Alain Prost. Bajo su carrocería estaba el Honda V6 turbo que convirtió aquella máquina en uno de los grandes iconos de la categoría.
Para Alonso tampoco es un coche cualquiera. Senna ha sido una referencia para el asturiano desde niño y el propio MP4/4 está especialmente ligado a sus recuerdos de infancia. De hecho, a finales de 2024 regaló a sus padres una recreación del monoplaza con el que el brasileño fue campeón en 1988, recordando aquella decoración que él mismo imitaba en sus primeros años sobre un kart.
Así que, más que probar dos coches históricos, Alonso pudo recorrer en unas vueltas buena parte de la historia del piloto que marcó a toda una generación.
Pero todavía quedaba otro coche.
Entre tanta pieza de museo había una que pertenecía directamente a la vida de Fernando Alonso: el McLaren MP4-22 de 2007.
Sí, aquel McLaren. El coche de la temporada de su incendiaria convivencia con Lewis Hamilton, de las cuatro victorias, del Mundial perdido por un solo punto y de una campaña que casi dos décadas después sigue siendo imposible separar de su carrera deportiva.
Alonso salió a pista con él en Barcelona y publicó después un pequeño vídeo acompañado únicamente por el emoji de un violín.
No hacía falta mucha más explicación.
Porque aquel MP4-22 llevaba un Mercedes V8 atmosférico y su sonido poco tiene que ver con el que acompaña a Alonso cada fin de semana en la Fórmula 1 de 2026. Y el detalle tiene todavía más gracia después de escuchar al español durante toda esta temporada.
Alonso ha sido uno de los críticos más duros con la nueva generación de monoplazas, especialmente por el enorme peso que ha adquirido la gestión de la energía eléctrica. Tras Silverstone llegó incluso a asegurar que con esta normativa había situaciones en las que apenas hacía falta “talento del piloto”, mientras que anteriormente lamentó que la era híbrida hubiese hecho perder a la F1 años de competición más “pura”.
Esta misma semana, antes de Madrid, volvió a insistir en que su futuro más allá de 2026 dependerá también de hacia dónde vaya la categoría y de si la Fórmula 1 recupera parte de aquello que él considera su esencia.
Por eso aquel violín era bastante más que un emoji. Después de meses hablando de baterías, recuperación, deployment y gestión de energía, Alonso pudo subirse de nuevo a un Fórmula 1 en el que pisar el acelerador provocaba una respuesta bastante más sencilla: ruido. Mucho ruido.
La jornada tuvo además un escenario especial. Alonso es embajador del Circuit de Barcelona-Catalunya desde mayo de 2025, un trazado que él mismo define como uno de los lugares más vinculados a su carrera y en el que asegura haber completado más vueltas que en ningún otro circuito del mundo.
Pero esta semana el campeonato español mira unos cuantos cientos de kilómetros más al oeste.
El jueves Alonso ya deberá estar en Madring para participar en la rueda de prensa oficial de la FIA junto a Carlos Sainz y comenzar un fin de semana histórico con el estreno de Madrid en el calendario.
Antes de enfrentarse otra vez al Aston Martin de 2026, a la batería, al ahorro de energía y a todos los quebraderos de cabeza que le ha dado la nueva Fórmula 1, al menos tuvo unas horas para conducir otra.
La de Senna. La de los V8 y los turbo salvajes. La que sonaba lo suficientemente bien como para que Fernando Alonso resumiera todo con un violín.
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