Durante sus 11 años en la Fórmula 1, Carlos Sainz se ha forjado una reputación sólida. En todos los equipos con los que ha competido, deja una huella común: la de un piloto inteligente, calmado, constante y, sobre todo, que aporta aspectos positivos.
El ejemplo más reciente es su temporada 2025 con Williams. El equipo británico, en dificultades desde hacía años, vivió una auténtica resurrección al pasar del noveno lugar en el campeonato de constructores en 2024 al quinto en 2025.
Con 137 puntos en 2025, Williams firmó su mejor temporada desde 2016, logrando incluso dos podios, ambos gracias a Sainz.
Este soplo de aire fresco en Grove es atribuido por muchos al español, empezando por su director, James Vowles.
No es la primera vez que Sainz impulsa el regreso de una escudería histórica. Su etapa en McLaren (2019-2020) fue similar, y sus años en Ferrari (2021-2023) mostraron su capacidad para estabilizar y hacer progresar a un equipo.
Sainz debutó en la F1 con Toro Rosso en 2015. Tras abandonar la academia Red Bull, pasó por Renault a finales de 2017, donde ya era visto como un piloto capaz de hacer evolucionar al equipo.
Aunque joven, se situó al nivel de su experimentado compañero Nico Hülkenberg y logró buenos resultados, como un quinto puesto en Azerbaiyán.
En 2019, se unió a McLaren, un equipo en una de sus peores rachas. Durante sus dos temporadas, destacó por sus comentarios metódicos y su enfoque inteligente. En su primer año, maximizó el potencial de un monoplaza complicado, cometió pocos errores y logró el primer podio del equipo desde 2014, en Brasil.
Su calma aportó estabilidad, y en 2020 el coche progresó hasta luchar en los puestos delanteros.
La dinámica interna en McLaren fue sana, con una excelente relación entre Sainz y Lando Norris. La progresión del equipo fue rápida, y el impulso del español fue el primer paso hacia el regreso al éxito. Su marcha a Ferrari incluso provocó lágrimas en McLaren, que le dedicó un emotivo vídeo.
En Ferrari, Sainz enfrentó un nuevo desafío.
Llegó a un equipo exigente y se midió a Charles Leclerc, el favorito de la afición. Sin embargo, en su primera temporada terminó por delante del monegasco en la clasificación, demostrando constancia y precisión. Además de su bagaje técnico, mostró una nueva faceta: la estrategia.
Su victoria en Singapur 2023 —la única de un equipo no Red Bull esa temporada— es un ejemplo: mantuvo a Norris dentro de su DRS para protegerse de los Mercedes.
Tras cuatro temporadas y cuatro victorias con Ferrari, Sainz se marchó sustituido por Lewis Hamilton, dejando atrás el legado de ser el último piloto de la Scuderia en ganar una carrera (México 2024).
A lo largo de su carrera, Sainz ha demostrado ser un piloto inteligente y analítico. No tiene el perfil explosivo de Leclerc o Max Verstappen, pero su enfoque técnico lo convierte en un activo valioso para los equipos. Sus comentarios detallados ayudan a los ingenieros a comprender y solucionar problemas rápidamente.
Este enfoque tiene limitaciones: a veces necesita más tiempo para adaptarse a coches inestables, como ocurrió con el Williams FW47, y puede ser menos fulgurante en clasificación que pilotos más instintivos.
Sin embargo, Sainz es apreciado por su capacidad para trabajar con ingenieros y por aportar serenidad y estabilidad.
Su impacto es visible, pero es importante recordar que la F1 es un deporte colectivo. La progresión de un equipo no puede atribuirse únicamente a un piloto.
Por ejemplo, la temporada 2025 de Williams no habría sido posible sin las mejoras en el monoplaza y los buenos resultados de Alex Albon. Sainz no participó en el desarrollo del FW47 en 2024, pero supo explotar su potencial.
En definitiva, Sainz actúa como un catalizador: guía, estructura y optimiza, pero el éxito depende del trabajo conjunto.
Su papel no es el de un salvador único, sino el de un elemento clave que potencia las capacidades de un equipo ya en movimiento.
**REDACCIÓN FV MEDIOS**

