El negocio de las baterías está empezando a cambiar de prioridades. CATL, el mayor fabricante mundial del sector, prevé que el almacenamiento energético pase a representar la mitad de sus ventas globales en 2030, frente al 25% actual una actividad que, hace apenas cinco años, sólo suponía un 2% de su negocio, según Reuters.
El movimiento responde al aumento de la demanda de sistemas capaces de estabilizar redes eléctricas con mayor presencia de renovables. Sin embargo, también puede tener consecuencias para los fabricantes de coches eléctricos, que siguen dependiendo de grandes proveedores de baterías para asegurar producción, costes y disponibilidad de futuros modelos.
No cabe duda de que CATL construyó su posición global suministrando baterías de ion-litio para vehículos eléctricos, pero el reparto interno de su negocio empieza a moverse. Actualmente, las baterías para coches siguen concentrando cerca de tres cuartas partes de sus ventas, mientras que el almacenamiento energético ya supone una cuarta parte del total.
La compañía también parte de una posición dominante en este nuevo mercado. Según datos citados por la propia CATL a partir de SNE Research, sus envíos de baterías para almacenamiento alcanzaron una cuota mundial del 30,4% en 2025, manteniendo el primer puesto global por quinto año consecutivo.
El objetivo del 50% para 2030 implicaría que el coche eléctrico dejaría de ser el destino claramente mayoritario de sus baterías. Es decir, no supondría una salida del sector automovilístico, pero sí un cambio relevante en la forma en la que CATL reparte capacidad industrial, inversión y atención comercial.
El crecimiento del almacenamiento está vinculado al despliegue de energías renovables. La producción solar y eólica no es constante, por lo que las redes necesitan sistemas capaces de almacenar electricidad cuando hay exceso de generación y liberarla cuando la demanda lo requiere.
Kevin Tang, director de sistemas de almacenamiento energético de CATL para Europa, señaló a Reuters que la demanda procede especialmente de operadores de red y proyectos ligados a renovables. Europa es, además, el tercer mayor mercado de CATL después de China y Estados Unidos.
El posible impacto para los fabricantes de vehículos eléctricos está en la competencia por los mismos recursos. Si una parte creciente de la capacidad de CATL se orienta a proyectos de almacenamiento, las marcas de coches podrían tener que negociar en un entorno más ajustado.
A esto se suma que los proyectos de almacenamiento aún presentan dificultades de rentabilidad por lo que, en ese escenario, una presión sobre márgenes en el negocio energético podría acabar influyendo en las condiciones comerciales de otros segmentos, incluido el suministro de baterías para automoción.
También entran en juego materias primas como litio, cobre y aluminio, esenciales tanto para baterías de vehículos como para sistemas estacionarios. Cualquier tensión en costes o disponibilidad puede trasladarse a la cadena de suministro y afectar a los planes de producción de los fabricantes.
Ford es uno de los casos más relevantes dentro de este cambio. La compañía ha lanzado Ford Energy, una filial dedicada a sistemas de almacenamiento de baterías para utilities, centros de datos y grandes clientes industriales en Estados Unidos. Sus primeras entregas están previstas para finales de 2027.
El proyecto utilizará tecnología licenciada de CATL, lo que coloca a Ford en una situación particular. Por un lado, depende de la tecnología del fabricante chino; por otro, entra en un mercado en el que CATL quiere crecer de forma agresiva durante los próximos años.
Y sí, es cierto que a corto plazo este giro de CATL no tiene por qué traducirse en cambios inmediatos para concesionarios o compradores. El riesgo está más en el medio plazo: una cadena de suministro más repartida entre automoción y almacenamiento energético puede condicionar precios, disponibilidad de baterías y planificación industrial de los próximos eléctricos.
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El mayor fabricante de baterías del mundo busca repartir su negocio de otra forma, y el coche eléctrico es el gran perjudicado
