El contexto de la actual coyuntura económica y energética en Europa, con el conflicto de Irán, no es precisamente tranquilo. A pesar de ello, el Gobierno alemán ha echado algo más de leña al fuego volviendo a poner sobre la mesa el futuro del sector del automóvil y las políticas climáticas comunitarias. Durante una reunión del comité de coalición celebrada el pasado fin de semana, los líderes de los partidos que conforman el Ejecutivo (la alianza conservadora CDU/CSU y el SPD) trataron un conjunto de medidas destinadas a aliviar la carga económica que están soportando los ciudadanos, estando entre ellas una posible relajación de los límites de emisiones de CO2 que ampliaría la vida de los coches de combustión.
El documento resultante de este encuentro pone de manifiesto la necesidad de introducir nuevos ajustes en la regulación europea sobre los límites de emisiones contaminantes para flotas de vehículos, así como en otros expedientes relacionados con el sector. Este posicionamiento se produce en un momento clave, tras la presentación por parte de la Comisión Europea, a finales de 2025, del denominado como “paquete automotriz”, que revisó el objetivo para 2035 de que todos los vehículos nuevos comercializados en la Unión Europea deben ser de cero emisiones.
El paquete contempla una flexibilización parcial de este objetivo, permitiendo que determinados vehículos híbridos o de combustión interna puedan seguir vendiéndose más allá de 2035, siempre que sus emisiones sean completamente compensadas. Esta compensación podría lograrse mediante el uso de combustibles sintéticos (e-fuels) o mediante la incorporación de materiales con baja huella de carbono, como el acero verde producido dentro de la propia Unión Europea. El problema es que actualmente solo es una propuesta que está pendiente de aprobación por parte del Parlamento Europeo y, si no sale adelante, se mantendría la prohibición de vender coches nuevos que no sean eléctricos a partir de esa fecha.
En esta tesitura, el gobierno alemán ha decidido adoptar una postura más ambiciosa en cuanto a la flexibilización de estas normas. Según la información que recoge Automobilwoche, pretende impulsar una serie de modificaciones adicionales entre las que se incluyen requisitos menos estrictos para los híbridos enchufables, la posibilidad de que las emisiones excedentes tras 2035 no tengan que compensarse completamente y la clasificación inmediata como vehículos de “cero emisiones” de aquellos que funcionen exclusivamente con e-fuels.
Además, el ejecutivo alemán propone introducir mayor flexibilidad en los objetivos intermedios de reducción de CO2 antes de 2035, lo que permitiría a los fabricantes adaptarse de manera más gradual a las exigencias regulatorias.
Pero no todo son aportaciones, Alemania también se habría manifestado en contra de dos elementos clave del planteamiento realizado por la Comisión Europea hace tan solo unos meses. Por un lado, los denominados “supercréditos” para vehículos eléctricos de pequeño tamaño (inferiores a 4,20 metros de longitud), por otro, la regulación específica para flotas corporativas, que obligaría a las empresas a adoptar un porcentaje mínimo de vehículos eléctricos.
Estas demandas surgen en un momento en el que el debate continúa abierto. El Parlamento Europeo y el Consejo están analizando posibles enmiendas al paquete legislativo y es por eso que Alemania quiere ejercer su influencia. El canciller Friedrich Merz ha señalado que Alemania acudirá a estas negociaciones con una actitud abierta, aunque insistiendo en la importancia de mantener una posición gubernamental sólida y cohesionada.
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Giro en Europa: Alemania presiona para relajar las emisiones y frenar el fin del motor de combustión

