Meter ovejas en una planta solar puede parecer una solución improvisada para mantener a raya la vegetación, pero un estudio realizado en Australia apunta a algo mucho más interesante. La convivencia entre paneles fotovoltaicos y ganadería no solo permite aprovechar dos veces el mismo terreno, sino que también puede mejorar las condiciones de los animales y la calidad del pasto.
El proyecto se desarrolló en la granja solar Wellington, en Nueva Gales del Sur, Australia, donde unas 1.700 ovejas merinas han pastado durante varios años entre paneles fotovoltaicos. La investigación, impulsada por Lightsource bp junto a EMM Consulting y Elders Rural Services, comparó el comportamiento y la producción de estos animales con los de ovejas mantenidas en pastos convencionales.
El resultado más llamativo es que los paneles no parecieron perjudicar la producción lanera. Al contrario, algunos parámetros analizados apuntan a una posible mejora en la calidad de la lana, aunque los propios responsables del estudio advierten de que hacen falta mediciones a más largo plazo para confirmar conclusiones definitivas.
La clave está en el microclima que crean los paneles solares. Bajo las estructuras, los animales encuentran zonas de sombra que reducen la exposición directa al sol y pueden aliviar el estrés térmico en los días más calurosos. También ofrecen cierta protección frente a lluvia o viento.
Ese efecto no solo beneficia a las ovejas. La sombra parcial ayuda a conservar mejor la humedad del suelo y puede favorecer un pasto más verde durante más tiempo. Si hay más vegetación disponible y de mejor calidad, los animales tienen mejores condiciones de alimentación.
En el caso de ovejas merinas, muy valoradas por su lana, cualquier mejora en bienestar, nutrición y estrés puede acabar reflejándose en la fibra.
La agrovoltaica intenta responder a una de las críticas habituales contra las grandes plantas solares: el uso de suelo agrícola. En lugar de elegir entre producir energía o mantener actividad ganadera, este modelo combina ambas funciones.
Para los promotores solares, las ovejas ayudan a controlar la vegetación sin recurrir tanto a maquinaria. Para los ganaderos, los paneles pueden ofrecer sombra, refugio y una nueva fuente de ingresos o acuerdos de uso del terreno.
No significa que cualquier planta solar sirva automáticamente para pastoreo. Hace falta diseñar bien la instalación, dejar espacio suficiente, garantizar accesos y adaptar la gestión al bienestar animal.
Australia no es el único país donde se está explorando esta fórmula. En Europa, varios proyectos estudian cómo integrar cultivos, pastos o ganado con producción fotovoltaica. Francia, Alemania o Países Bajos ya han probado soluciones agrovoltaicas, y el interés crece a medida que aumenta la necesidad de producir más energía renovable sin tensionar todavía más el territorio. Hace poco conocimos el caso de Volkswagen, que tiene a 100 ovejas junto a 31.000 placas solares que nutren de energía a una de sus fábricas.
El caso australiano y el de Volkswagen son especialmente atractivos porque convierten una imagen curiosa en una idea con recorrido industrial: los paneles no tienen por qué expulsar la actividad agrícola. En algunos casos, pueden ayudar a reorganizarla.
El reto será demostrar que estos beneficios se mantienen durante años, en distintos climas y con diferentes tipos de explotaciones. Pero la conclusión inicial es potente: una planta solar puede ser mucho más que un campo de paneles. También puede convertirse en un espacio productivo para animales, suelo y energía limpia.
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Miles de ovejas pastando entre paneles solares es algo más que una solución improvisada y tiene beneficios para las dos partes

