No se puede negar que Nissan no atraviesa el mejor momento de su historia. Sin embargo, poco a poco, la marca japonesa va viendo brotes verdes a costa de ejecutar drásticos recortes de costes. Reducciones que afectan a todos los ámbitos de la compañía, desde el personal a algunas de sus sedes, pasando por la oferta de productos. Ante la situación de desconcierto que el mundo sufre en torno a la figura del coche eléctrico, Nissan ha tomado una decisión radical; paralizar el desarrollo del Nissan Qashqai 100% eléctrico que debería haber llegado en un par de años.
El Qashqai representa el pilar comercial de la firma japonesa en el mercado europeo. Esta interrupción silenciosa responde a una campaña global de optimización financiera y reducción de costes ante la intensa presión comercial en el continente, donde los fabricantes tradicionales y los nuevos competidores chinos están introduciendo alternativas más asequibles. La decisión de congelar este proyecto supone un cambio notable, ya que el vehículo se perfilaba como uno de los lanzamientos más importantes para la marca.
La paralización de los trabajos en torno a la variante eléctrica del todocamino no es un movimiento aislado, sino que afecta directamente a la planificación de sus centros de producción. Junto con la suspensión del vehículo, el fabricante japonés y su filial JATCO han confirmado la cancelación definitiva del proyecto para fabricar un sistema de propulsión eléctrica integrado tres en uno, cuyas líneas de montaje planificadas en la factoría de Sunderland han quedado descartadas.
La planta de Sunderland, que destaca por ser el centro de fabricación automotriz más grande de Gran Bretaña, mantiene actualmente la producción del Nissan LEAF, que apenas parece estar teniendo efecto en las ventas de la compañía, y recientemente ha sumado el ensamblaje del Juke 100% eléctrico. No obstante, las proyecciones indican que sí Nissan decidiera reanudar el desarrollo del Qashqai eléctrico, este no lograría llegar a las cadenas de montaje hasta los primeros años de la próxima década. Puede que para entonces ya fuese demasiado tarde.
El cese en el desarrollo de la arquitectura puramente eléctrica redirige el peso hacia las configuraciones que ya sostienen su éxito comercial. Durante el último año, el Qashqai se ha comercializado exclusivamente con motorizaciones de gasolina y sistemas híbridos, una combinación mecánica que ha demostrado una enorme solidez comercial al acaparar aproximadamente el 45% de las trescientas treinta mil unidades vendidas por la marca en todo el territorio europeo. El híbrido destaca por su buen rendimiento y sus bajos consumos con una autonomía superior a los 1.300 kilómetros.
Esta decisión se ve respaldada por las negociaciones actuales que mantiene el sector con las autoridades británicas, las cuales estudian flexibilizar las normativas de cuotas de emisión obligatorias. De confirmarse este cambio regulatorio, la factoría contaría con un margen superior para priorizar la fabricación de sistemas híbridos combinados, optimizando la capacidad de una planta que el año pasado generó más del 35% de toda la producción automotriz de la región. Nissan depende tanto del Gobierno inglés como el Gobierno inglés de Nissan.
El replanteamiento mecánico del Qashqai forma parte de una reestructuración global donde la marca busca reducir su catálogo internacional de cincuenta y seis a cuarenta y cinco modelos disponibles. La compañía busca alternativas para mantener la eficiencia de sus instalaciones, explorando acuerdos como el firmado recientemente con la compañía Chery para evaluar la viabilidad técnica de ensamblar vehículos del fabricante chino en una de las líneas de producción de la factoría británica. Mientras, en China, Nissan está teniendo mucho éxito, esta vez sí con eléctricos, gracias a su asociación con Dongfeng. Los Nissan NX8 y Nissan N7 han tenido una excelente acogida.
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Nissan acaba con el Qashqai eléctrico: los japoneses paralizan el desarrollo para reducir costes

