Norris, Verstappen y Leclerc: por qué los grandes pilotos ya no cambian de equipo #F1 #FVDigital

Norris, Verstappen y Leclerc: por qué los grandes pilotos ya no cambian de equipo #F1 #FVDigital

La renovación de Lando Norris con McLaren hasta finales de 2030 completa un escenario que hace apenas unos años habría resultado sorprendente. Max Verstappen ha ampliado recientemente su relación con Red Bull hasta esa misma fecha, mientras que Charles Leclerc está vinculado a Ferrari hasta finales de 2028. Tres de los pilotos más importantes de la Fórmula 1 actual han decidido quedarse donde están.
Verstappen disputó apenas 23 Grandes Premios con Toro Rosso antes de ser ascendido a Red Bull en 2016, pero en la práctica siempre ha pertenecido a la misma familia. Algo parecido ocurre con Leclerc, que pasó una temporada en Sauber antes de llegar a Maranello. Norris, directamente, nunca ha disputado un Gran Premio con unos colores distintos a los de McLaren.
Y si ampliamos la mirada a sus programas de jóvenes pilotos, el vínculo resulta todavía más evidente: los tres crecieron dentro de las estructuras que posteriormente les llevaron hasta la cima.
Max Verstappen, Red Bull Racing
Foto di: Sam Bloxham / LAT Images via Getty Images
¿Por qué debería cambiar de equipo un piloto que ya se encuentra en una posición privilegiada? Es la pregunta que probablemente Norris, Verstappen y Leclerc se hicieron antes de firmar sus respectivas renovaciones. Los tres cuentan con un estatus muy sólido dentro de sus equipos, conocen perfectamente a las personas con las que trabajan y saben cómo desenvolverse en unas estructuras que, con el paso de los años, inevitablemente también se han adaptado a sus necesidades.
Es lo que habitualmente se denomina ‘zona de confort’, una expresión que puede tener una connotación negativa, pero que en la Fórmula 1 representa un valor que no debe subestimarse. Un piloto tiene que relacionarse con cientos de personas, pero, sobre todo, debe construir una relación casi simbiótica con un grupo mucho más reducido: ingenieros, técnicos, ingenieros de rendimiento y personal que trabaja en el simulador. Hacen falta años para alcanzar un nivel de entendimiento mutuo en el que bastan unas pocas palabras para comprender qué está ocurriendo. Cambiar de equipo significa dejar atrás todo ese bagaje y tener que empezar prácticamente desde cero.
Dos casos recientes han demostrado hasta qué punto puede resultar complicado ese proceso. Lewis Hamilton encontró muchas dificultades durante su primer año en Ferrari y Carlos Sainz vivió problemas similares después de pasar de la Scuderia a Williams. Eso no significa que un piloto no pueda adaptarse a un nuevo entorno, pero sí confirma que el proceso puede ser largo y, sobre todo, que resulta muy difícil predecir cuál será su desenlace.
Charles Leclerc, Ferrari
Foto di: Eric Le Galliot
Existe además otro aspecto que rara vez se admite públicamente. Cambiar de equipo significa volver a ponerse a prueba. Verstappen, Leclerc y Norris conocen perfectamente el peso que tienen dentro de sus respectivas estructuras. Saben qué pueden pedir, conocen sus referencias y, sobre todo, han construido con los años una posición técnica y política muy fuerte. Marcharse a otro equipo supondría entrar en territorio desconocido y quizá encontrarse frente a un compañero perfectamente integrado en ese nuevo entorno.
¿Es realmente un detalle secundario? Para un piloto considerado entre los mejores del mundo, el mayor riesgo no tiene por qué ser necesariamente acabar al volante de un monoplaza menos competitivo, ya que siempre existe la perspectiva de crecer. En cambio, sí puede serlo descubrir que, en un contexto nuevo, su compañero de equipo es capaz de rendir mejor.
En la Fórmula 1 actual, el valor de un piloto se mide cada fin de semana, ante todo, respecto a quien conduce el mismo monoplaza. Por lo tanto, cambiar de equipo también implica un riesgo para la reputación que alguien que ya se encuentra en una posición de fuerza no tiene necesariamente ningún interés en asumir.
Foto de: Ercole Colombo
En el pasado solía existir una motivación muy poderosa que llevaba a un campeón a abandonar su equipo: la necesidad de ir allí donde estaba el coche ganador o donde existían unas condiciones económicas mucho más atractivas. Ayrton Senna dejó McLaren para marcharse a Williams, Michael Schumacher abandonó una Benetton campeona del mundo para aceptar el desafío de Ferrari, Fernando Alonso pasó de Renault a McLaren y posteriormente a Ferrari, y Hamilton dejó precisamente McLaren para apostar por Mercedes.


Fueron decisiones muy diferentes entre sí, pero todas compartían un denominador común: la convicción de que en otro lugar existía una oportunidad mejor. Hoy resulta mucho más difícil tener esa certeza. La Fórmula 1 ha entrado en una etapa en la que los ciclos técnicos pueden cambiar rápidamente y, sobre todo, en la que resulta extremadamente complicado prever qué equipo será la referencia dentro de dos o tres temporadas. Firmar por otra escudería significa apostar a que ese monoplaza será mejor cuando llegue el momento de pilotarlo.
Norris es quizá el ejemplo más significativo. Esperó a McLaren cuando ganar parecía un objetivo muy lejano y hoy está recogiendo los frutos de aquella decisión. ¿Por qué debería abandonar precisamente ahora el equipo en el que ha crecido y con el que se ha convertido en campeón del mundo?
Max Verstappen, Red Bull Racing
Foto di: Simon Galloway / LAT Images via Getty Images
Un razonamiento parecido sirve para Verstappen. Red Bull le permitió debutar siendo extremadamente joven, le ascendió al primer equipo cuando apenas tenía 18 años y construyó junto a él un ciclo ganador. Hoy está en su propia casa, un lugar en el que puede permitirse prácticamente todo lo que desea. Leclerc, por su parte, representa ya algo que va más allá de una simple relación profesional con Ferrari. Llegó a Maranello como piloto de la Driver Academy, se convirtió en la referencia deportiva del equipo y mantiene con el universo de la Scuderia un vínculo que también tiene un componente emocional.
Y luego, naturalmente, está el dinero. Los tres cobran como pilotos de primer nivel, lo que elimina otra de las motivaciones que históricamente podían favorecer un cambio de equipo. Si una escudería garantiza competitividad, un papel central dentro del proyecto y unas condiciones económicas acordes con el mercado, resulta difícil encontrar en otro lugar una oferta capaz de justificar el riesgo.
Por último, existe otro elemento importante: la edad. Norris tiene 26 años, mientras que Verstappen y Leclerc tienen 28. Son pilotos todavía lejos de la fase final de sus carreras y no están obligados a considerar cada contrato como su última gran oportunidad. Incluso cumpliendo íntegramente sus actuales acuerdos, a finales de 2030 Verstappen tendría 33 años y Norris 31, la misma edad que tendrá Leclerc cuando expire su actual contrato. Por lo tanto, todavía tendrían tiempo de afrontar una hipotética segunda etapa de sus carreras en otro lugar.
Charles Leclerc, Ferrari
Foto di: Sam Bagnall / Sutton Images via Getty Images
Y quizá sea precisamente este factor el que haga todavía más racionales sus decisiones. Quedarse hoy no significa necesariamente quedarse para siempre. Durante décadas, la Fórmula 1 también ha contado las carreras de sus campeones a través de sus cambios de equipo. Ahora, los tres pilotos que representan una parte importante del presente y del futuro de la categoría parecen haber elegido un camino diferente. No necesariamente porque sean menos valientes que quienes les precedieron, sino porque la relación entre riesgo y beneficio ha cambiado.
Norris, Verstappen y Leclerc ya tienen aquello que normalmente busca un piloto cuando decide cambiar de equipo: competitividad, dinero, confianza y un papel central dentro del proyecto. Marcharse significaría renunciar a unas certezas a cambio de una promesa. Y en la Fórmula 1 actual, probablemente, una promesa ya no sea suficiente.

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