Por 2.000 dólares se compra un Tesla sin carrocería, con 341 km de autonomía, para usarlo como kart eléctrico

Por 2.000 dólares se compra un Tesla sin carrocería, con 341 km de autonomía, para usarlo como kart eléctrico

En plena era del coche eléctrico, donde el foco suele estar en autonomía o tecnología, un experimento viral ha puesto el acento en otro aspecto clave, el cual no es otro que la durabilidad real de un vehículo eléctrico. El YouTuber Remmy Evans ha comprado un Tesla Model 3 completamente desmantelado por apenas 2.000 dólares y lo ha llevado al límite. El resultado ha sorprendido incluso a los más escépticos.
El vehículo, prácticamente reducido a un mero chasis con ruedas, carecía de todos y cada uno de los elementos básicos, como carrocería, parabrisas o cinturones de seguridad. Sin embargo, pese a todo ello, aún conservaba lo esencial, como la batería, motores eléctricos, volante, asientos y pantalla central. Lo mínimo necesario para seguir funcionando como coche eléctrico, aunque en condiciones no especialmente ideales para el tráfico cotidiano.
Esto ha hecho que mucha gente rememore tiempos pasados para los coches de combustión, donde mucha gente compraba chasis con motor, ruedas y volante, pero dejaba de lado el apartado de la carrocería. El objetivo de ello era crear un vehículo apto para los días de circuito o para pasatiempos muy alejados de lo permitido en un modelo apto para la circulación. Este experimento demuestra que también es posible hacerlo con un eléctrico.
Lo más llamativo no fue su aspecto, sino su rendimiento. A pesar de su estado, el sistema del vehículo seguía mostrando una autonomía de 341 km, con la batería completamente cargada. Este dato es clave porque indica que, incluso tras años sin uso y sin mantenimiento adecuado, el sistema eléctrico principal (especialmente la batería) mantenía un nivel de degradación bajo. En un contexto donde la vida útil de las baterías sigue siendo objeto de debate, este caso aporta una evidencia práctica más que interesante.
Además de todo esto, el coche acumulaba hasta 78 códigos de error en su sistema, provocados principalmente por la ausencia de componentes físicos. Aun así, seguía siendo funcional, lo que refuerza la idea de que el núcleo eléctrico del vehículo está diseñado para operar incluso en condiciones muy alejadas de lo normal.
La historia del coche también es relevante. El anterior propietario lo había adquirido por un precio de entre 6.000 y 7.000 dólares con la intención de reutilizar su sistema eléctrico en otro proyecto, concretamente un coche conceptual de los años 70. Sin embargo, el plan nunca llegó a ejecutarse, y el vehículo quedó abandonado durante dos años sin registro ni uso regular. Fue entonces cuando el YouTuber negoció su compra, rebajando el precio inicial de 3.000 a 2.000 dólares, una cifra muy por debajo de cualquier Tesla Model 3 del mercado.
Este tipo de reutilización refleja una tendencia creciente en el mundo del automóvil eléctrico, pues el valor del vehículo ya no está sólo en su carrocería, sino en su sistema de propulsión. Motor y batería se convierten en activos reutilizables, incluso cuando el resto del coche pierde su funcionalidad. Lejos de limitarse a comprobar si funcionaba, el nuevo propietario decidió llevar el coche al extremo. Lo utilizó para derrapar, circular fuera del asfalto e incluso realizar saltos, tratándolo como un kart con el que divertirse.
Estas pruebas, aunque poco científicas, sirven para demostrar la resistencia del sistema eléctrico frente a impactos, vibraciones y uso intensivo. En un vehículo de combustión, este tipo de trato probablemente habría provocado fallos mecánicos graves en poco tiempo. El experimento también evidenció algunos límites. La recarga del vehículo resultó más compleja debido a la falta de componentes originales, lo que obligó a realizar ajustes improvisados. Aun así, el coche seguía siendo operativo.

También refuerza la idea de que el futuro del automóvil puede estar más ligado a la modularidad. Si batería y motores pueden sobrevivir incluso en condiciones extremas, su reutilización en otros vehículos o aplicaciones se vuelve mucho más viable. Lo que empezó como una compra curiosa para generar contenido ha terminado convirtiéndose en una demostración inesperada del potencial de los coches eléctricos. No por su diseño, sino por su resistencia.
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