Por culpa de la guerra de Irán, otro gran problema, que no afectará a los coches eléctricos, se cierne sobre los de combustión

Por culpa de la guerra de Irán, otro gran problema, que no afectará a los coches eléctricos, se cierne sobre los de combustión

La guerra en torno a Irán ya no solo está afectando al precio del combustible. Ahora empieza a golpear otro elemento clave para los coches con motor de combustión: el aceite del motor.
Fabricantes, talleres y distribuidores alertan de problemas crecientes de suministro y de fuertes subidas de precio en los lubricantes sintéticos utilizados por millones de vehículos en Europa.
La situación preocupa especialmente por el papel estratégico del estrecho de Ormuz, una de las rutas marítimas más importantes del planeta para el transporte de petróleo y derivados petroquímicos.
El cierre parcial de esta vía y los daños en infraestructuras energéticas de Oriente Medio están tensionando toda la cadena de producción de aceites base, materia prima esencial para fabricar lubricantes de motor.
Según datos de la industria energética y de consultoras especializadas, Oriente Medio concentra entre el 15 % y el 20 % de la capacidad mundial de producción de aceites base Grupo III, fundamentales para los aceites sintéticos modernos utilizados en motores gasolina, diésel e híbridos actuales.
Europa depende especialmente de esta región: alrededor del 72 % de las importaciones europeas de aceites Grupo III proceden del Golfo Pérsico.
El problema afecta sobre todo a lubricantes de baja viscosidad como los 0W-20, 0W-16 o incluso 0W-8, cada vez más habituales en coches modernos por exigencias de eficiencia y emisiones. Son precisamente estos productos los que podrían empezar a escasear antes.
La situación ha llevado a asociaciones del sector de lubricantes en Estados Unidos y Europa a advertir de posibles problemas de disponibilidad durante el verano si el conflicto continúa. Algunas compañías ya reconocen incrementos de precios inéditos desde las crisis petroleras de finales de los años 70.
En el mercado mayorista, varios distribuidores han elevado el precio del aceite en más de 5 dólares por galón en apenas unas semanas, cuando en un año normal las subidas rondaban los 70 u 80 céntimos. El encarecimiento no solo se explica por el petróleo: también influyen los aditivos químicos, el transporte marítimo, el packaging y la logística internacional.
La consecuencia directa llegará al conductor. Los cambios de aceite serán más caros y algunos talleres podrían tener dificultades para encontrar determinadas especificaciones homologadas por fabricantes como Toyota, Volkswagen, Renault o Stellantis.
Esto es especialmente crítico en motores modernos, donde utilizar un lubricante incorrecto puede provocar averías graves en turbos, sistemas híbridos o filtros antipartículas.
Además, muchos motores actuales están diseñados específicamente para funcionar con aceites sintéticos muy concretos. Sustituirlos por productos de menor calidad o viscosidad incorrecta puede aumentar desgaste, consumo y temperatura interna del motor.
La industria teme además un efecto dominó sobre el mantenimiento de flotas profesionales, transporte pesado y vehículos industriales. El aceite lubricante es un consumible esencial y no existen alternativas rápidas si el suministro global se rompe durante meses.
Esta presión sobre el mercado también evidencia otra vulnerabilidad del automóvil de combustión: su dependencia total de derivados del petróleo, no solo para el combustible, sino también para lubricantes, grasas industriales y numerosos componentes químicos utilizados en el mantenimiento.
Frente a esta crisis, los coches eléctricos cuentan con una ventaja estructural importante: no necesitan aceite lubricante para el motor porque no utilizan bloques térmicos con pistones, válvulas, turbos o sistemas de combustión interna sometidos a altas temperaturas y fricción constante.
Esto elimina uno de los mantenimientos más habituales y sensibles a las tensiones geopolíticas del petróleo. En un escenario de escasez global y subida de precios de lubricantes, los vehículos eléctricos quedan prácticamente al margen de este problema, reduciendo costes de mantenimiento y dependencia de derivados petrolíferos que siguen siendo imprescindibles en los coches de gasolina y diésel.
Mientras tanto, fabricantes y distribuidores intentan aumentar inventarios y diversificar proveedores fuera de Oriente Medio. Sin embargo, sustituir la producción del Golfo Pérsico no resulta sencillo a corto plazo por capacidad industrial y costes.
Los expertos del sector energético advierten de que, si el conflicto se prolonga y el estrecho de Ormuz sigue parcialmente bloqueado, el impacto podría extenderse durante buena parte de 2026. No solo en carburantes, también en lubricantes, transporte marítimo y producción industrial.
El mercado del automóvil ya se prepara para una nueva subida de costes que afectará directamente al bolsillo de millones de conductores. Y esta vez, incluso algo tan rutinario como cambiar el aceite puede convertirse en un problema.
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