Queda menos de un mes para que el mundo de la Fórmula 1 vea por primera vez el coche que marcará el inicio real del Aston Martin de 2026. Será el primero nacido bajo el nuevo reglamento, el primero concebido con todas las herramientas ya en funcionamiento y, sobre todo, el primero liderado por Adrian Newey desde dentro del equipo de Silverstone.
Pero este no es solo el coche de Newey. Es también el resultado de una alianza técnica de máximo nivel. Desde mediados de 2025, Enrico Cardile —uno de los ingenieros más respetados de Ferrari en las últimas dos décadas— se sumó al proyecto para trabajar codo con codo con el diseñador más influyente de la historia moderna de la F1. Un doblete pocas veces visto, y que empieza a explicar por qué en Aston Martin se respira algo distinto.
Cardile, ahora jefe técnico del equipo, ha sido uno de los últimos en rendirse públicamente a la figura de Newey. Y no lo hace desde la admiración externa, sino desde el asombro profesional de alguien que también ha diseñado coches ganadores.
«Adrian es, sin duda, el motor que mueve el desarrollo del coche», explicó hace unos meses en el podcast de la F1, Beyond the Grid. Sus despachos están uno al lado del otro y el rol de Cardile es tan claro como exigente: «Mi trabajo es asegurarme de entender hacia dónde quiere ir Adrian y garantizar que tenga la mejor información posible, con la máxima calidad, para desarrollar el coche».
Las imágenes de Newey serio, con su libreta, observando un monoplaza, son ya parte del imaginario colectivo de la F1. Pero convivir con él a diario permite descubrir matices que desde fuera se intuyen, pero no se comprenden del todo.
«Es increíble cómo es capaz de pensar en 3D y luego plasmar el diseño en 2D», admite Cardile. «Eso te da una idea de la magnitud de su capacidad».
Newey sigue utilizando el tablero de dibujo. No es nostalgia ni romanticismo. Es método. Y es ahí donde Cardile marca la diferencia generacional, pero también el respeto absoluto: «Yo no uso tablero, no soy tan bueno», bromea. «Es otra generación».
Si hay una frase que resume el impacto de Adrian Newey dentro de Aston Martin, es esta. No es marketing. Es diagnóstico técnico.
«Hablar con él es como hablar, al mismo tiempo, con el diseñador jefe, el experto en dinámica de vehículo, el jefe de aerodinámica… todo en una sola persona», explica Cardile. «Encuentras muchas habilidades diferentes concentradas en alguien único».
No es solo talento. Es experiencia. Una carrera construida cuando la Fórmula 1 se hacía con menos gente, menos herramientas y más intuición, pero evolucionando siempre al ritmo de la tecnología. «Es la mezcla perfecta entre una mente brillante y una experiencia enorme», resume.
De todo lo que ha aprendido trabajando con él, Cardile se queda con una cualidad por encima del resto: la falta absoluta de concesiones.
«Si tengo que destacar algo, es lo poco dispuesto que está a comprometerse», afirma. «Empuja cada detalle hacia la perfección, sin importar la magnitud del problema».
Y lo más llamativo es que esa exigencia no llega vacía. Cuando Newey propone algo que parece imposible, ya ha recorrido mentalmente todo el camino. «Cuando libera una idea, ya tiene en la cabeza cómo hacerla realidad», explica Cardile. «Y si alguien tiene problemas para ejecutarla, él baja al detalle y te da las claves para hacerlo viable».
Todo esto no sucede en el vacío. Aston Martin ha construido el escenario ideal: fábrica casi nueva, túnel de viento de última generación, una estructura liderada por Adrian Newey, a partir de 2026, Honda como socio exclusivo de motor. Un proyecto con ambición real de entrar en la élite histórica del deporte.
Newey es el líder técnico indiscutible. Cardile, el engranaje que convierte su visión en proceso. Y el coche que debutará en los test de Barcelona será el primer reflejo tangible de esa sociedad. Por primera vez en mucho tiempo, Aston Martin no solo tiene las armas. Tiene también a quien sabe exactamente cómo utilizarlas.
**REDACCIÓN FV MEDIOS**