Tras el Gran Premio de España en el Madring emerge una estadística curiosa: Max Verstappen suma ya seis podios y es el piloto con más top 3 después de los dos Mercedes. Un dato que confirma que el cuatro veces campeón del mundo está completando otra temporada a un gran nivel, pese a contar con un coche que durante buena parte del año ha ocupado el papel de cuarta fuerza.
A menudo se trata de maximizar el paquete disponible y, en ocasiones, también hace falta una pizca de fortuna. En Madrid, el abandono de Lewis Hamilton y la aparición del VSC en el momento más favorable ayudaron a conquistar una segunda posición que, después de apenas unas curvas, parecía fuera de alcance. En clasificación, Red Bull también pagó las limitaciones de su unidad de potencia, penalizada por una gestión del software que no fue óptima.
Debido a ciertas limitaciones en la gestión del software, como explicó el propio Verstappen al término de la clasificación, Red Bull no pudo distribuir la energía de manera diferente a lo largo de la vuelta, lo que le hizo perder terreno en el último sector. Pero hay otro asunto que preocupa en Milton Keynes: un problema que no apareció de forma tan evidente en Madrid, pero del que Max se ha quejado con insistencia durante los últimos grandes premios.
En esencia, el rendimiento del coche iría disminuyendo vuelta tras vuelta, como si se “degradara”. Es un problema que el neerlandés ya había señalado antes del parón veraniego y que apareció, por ejemplo, en Hungría, cuando volvió a perder el control del monoplaza. En aquella ocasión, Verstappen explicó que el equipo podía detectar claras pérdidas aerodinámicas que no estaban completamente relacionadas con el funcionamiento del alerón trasero móvil.
También en Monza, durante buena parte del fin de semana, Verstappen se quejó de un problema en el tren trasero, tanto en los entrenamientos libres como en carrera. No es la primera vez que los equipos tienen que lidiar este año con cuestiones relacionadas con la calidad de los componentes, hasta el punto de que algunas escuderías han detectado diferencias de rendimiento entre piezas pertenecientes exactamente a la misma especificación.
Sin embargo, no se trata de un problema surgido esta temporada, sino de algo que, según Verstappen, lleva años presente en los coches de Milton Keynes. Laurent Mekies confirmó que lo explicado por el neerlandés tiene fundamento y que el equipo está trabajando entre bastidores para solucionarlo.
“No creo que vayamos a explicar qué es exactamente ni cómo pretendemos solucionarlo. Creo que Max tiene razón cuando dice que existe un problema de degradación del rendimiento del coche que se manifiesta durante una sesión y durante una carrera”, explicó el jefe de equipo de Red Bull.
Max Verstappen, Red Bull Racing
Foto di: Sam Bagnall / Sutton Images via Getty Images
“Tiene razón al decir que no es un problema nuevo. No nos hemos quedado de brazos cruzados con este asunto: hemos intentado abordarlo de diferentes maneras. Evidentemente, lo considero un problema complejo, porque de lo contrario ya lo habríamos solucionado. Pero todo el mundo está trabajando de una manera muy constructiva, intentando dar pequeños pasos para conseguir llegar finalmente al fondo de la cuestión”.
“Hemos dado un par de pasos positivos en ese sentido durante el fin de semana. Nunca tendremos de golpe la imagen completa, pero sin duda hemos progresado en nuestra comprensión. Todavía no tenemos todas las soluciones aplicadas al coche, pero confío en que estamos avanzando en la dirección correcta. No será algo rápido, así que probablemente sea un problema que también nos acompañará el próximo año”.
Como era de esperar, Mekies no quiso entrar en detalles, pero confirmó que existen situaciones en las que el nivel de rendimiento de determinados elementos no se mantiene en su punto óptimo, provocando una pérdida de un tiempo valioso. Es un aspecto que puede manifestarse de diferentes maneras: si un componente no garantiza el nivel de rendimiento esperado, se pierde tiempo por vuelta o se puede optar por sustituirlo, aunque eso tiene un impacto directo en el presupuesto.
“Es un aspecto del rendimiento del coche que, en ocasiones, no se mantiene en su nivel óptimo. Y estamos hablando de un impacto importante en el tiempo por vuelta. No hay ninguna duda de que todo el mundo está trabajando para mejorarlo de cara al futuro”, añadió Mekies.
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