Si alguien pensaba que la industria del automóvil solo sabía de motores y chasis, Renault acaba de romper todos los esquemas. El grupo francés ha dado el paso definitivo para entrar en el sector de la defensa. No es un rumor: es un acuerdo estratégico con la firma Turgis Gaillard para fabricar drones militares a gran escala bajo la supervisión de la Dirección General de Armamento (DGA).
La optimización de las cadenas de montaje es el gran valor de Renault, y el Gobierno francés quiere aprovechar esa experiencia para producir armamento con la misma rapidez con la que se monta un Captur. El contrato supone un ingreso de 1.000 millones de euros en diez años con dos plantas de producción: Le Mans y Cléon.
La alianza puede parecer sorprendente a primera vista. Por un lado, un gigante de la automoción en plena transición hacia los vehículos eléctricos; por otro, una pyme especializada en sistemas de defensa, que recientemente se ha lanzado al desarrollo de drones de combate. Sin embargo, la lógica industrial es sólida.
Renault posee una experiencia excepcional, diseña, industrializa y produce en masa productos tecnológicos complejos, controlando la calidad, los costes y los plazos. Estas son precisamente las competencias que busca la Dirección General de Armamento (DGA) francesa, que supervisará esta colaboración.
Al aplicar procesos de fabricación automovilística, el objetivo es conseguir un precio extremadamente competitivo, algo vital en los conflictos modernos donde los drones son materiales de consumo rápido.
Este proyecto tiene una vertiente geopolítica innegable. La iniciativa nace tras las peticiones del Ministerio de las Armadas para apoyar a Ucrania, un país que se ha convertido en el mayor laboratorio de drones del mundo. Pero el plan va más allá. Francia quiere tener su propia «fuerza de enjambres» sin depender de proveedores externos.
No es la primera vez que vemos el rombo en un campo de batalla. En 1917, el tanque Renault FT fue una pieza clave para la victoria en la Primera Guerra Mundial. Más tarde consiguieron dominar los cielos con distintas aeronaves, como el Renault Rafale. Ahora, casi 110 años después, la marca vuelve a movilizarse, demostrando que su capacidad de ingeniería es capaz de adaptarse a cualquier necesidad nacional.
No todo es entusiasmo en la sede de Boulogne-Billancourt. Este giro hacia la defensa ha levantado ampollas entre algunos sindicatos y sectores que temen por la ciberseguridad de las plantas y el impacto en la imagen pública de la marca. Sin embargo, desde la dirección de crecimiento del grupo, Fabrice Cambolive es claro: su experiencia en producción y diseño es un activo nacional que no pueden negar en este contexto internacional.
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Renault ya no se limitará a producir coches, además de Clios, los franceses también fabricarán drones de combate
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