Un gel metálico que soporta hasta 1.000ºC transforma las baterías de metal líquido para que sean utilizadas en coches eléctricos

Un gel metálico que soporta hasta 1.000ºC transforma las baterías de metal líquido para que sean utilizadas en coches eléctricos

En las baterías de metal líquido (LMB) se sustituye los electrodos sólidos por capas de metales fundidos separados por una sal fundida, ofreciendo beneficios intrínsecos que superan las limitaciones de las actuales baterías de iones de litio. La principal ventaja radica en su excepcional longevidad y alta densidad energética. Al operar con componentes líquidos, se elimina el desgaste mecánico y la degradación por ciclos que sufren las celdas convencionales, traduciéndose en una vida útil significativamente más larga.
Otra de las grandes bazas de las LMB reside en su robustez térmica y seguridad operativa. Estas baterías están diseñadas para funcionar a muy altas temperaturas, un entorno que, paradójicamente, les confiere una resistencia superior al sobrecalentamiento descontrolado y al riesgo de incendio que aqueja a tecnologías más sensibles. Pero es precisamente la estabilización de estos metales líquidos su principal hándicap. Su uso en movilidad eléctrica se traduce directamente en una capacidad de almacenamiento de energía mucho mayor en el mismo espacio, lo que promete un incremento sustancial de la autonomía por carga y la tranquilidad de un sistema más duradero y resiliente.
Un equipo de científicos de la Universidad Texas A&M ha logrado una avance relacionado con la ciencia de materiales que afecta directamente a este tipo de baterías: el desarrollo del primer gel metálico conocido. Este material, capaz de mantener su estructura a temperaturas extremas de hasta 1.000 grados Celsius es un candidato perfecto para resolver el mayor problema de las baterías de metal líquido.
Este descubrimiento supone una potencial revolución para el sector de la automoción eléctrica y el almacenamiento de energía a gran escala. Al transformar un componente esencialmente líquido en una matriz estable y semisólida, los investigadores liderados por el profesor Michael J. Demkowicz y el estudiante de doctorado Charles Borenstein han abierto la puerta a llevar las baterías más potentes jamás diseñadas del ámbito estacionario a las carreteras.
A diferencia de las baterías convencionales que utilizan electrodos sólidos (como el litio-ion actual), las LMB emplean capas de metales fundidos, separadas por una sal fundida que actúa como electrolito.
Sus ventajas son notorias: una vida útil superior, ya que las partes líquidas no se degradan ni se desgastan tan rápidamente como las sólidas; y una capacidad inmensa para almacenar y liberar grandes cantidades de energía. Por estas razones, su uso se ha limitado históricamente a sistemas de almacenamiento de energía fijos, como el soporte de la red eléctrica o los sistemas de alimentación ininterrumpida (SAI) para grandes infraestructuras.
Sin embargo, su talón de Aquiles siempre ha sido la movilidad. Cualquier movimiento, vibración o inclinación del vehículo provoca el desplazamiento del metal líquido en su interior. Este movimiento puede llevar a un contacto indeseado entre el ánodo y el cátodo, causando un temido cortocircuito que anula la batería y genera riesgos de seguridad. La inestabilidad inherente de un medio líquido ha sido, hasta ahora, el impedimento fundamental para su aplicación en coches eléctricos, barcos o cualquier sistema de transporte.
Para crear el gel metálico crearlo, los científicos mezclan dos polvos metálicos. Al calentarlos, uno de los metales, como el cobre en las pruebas iniciales, se funde hasta convertirse en líquido. El otro metal, como el tántalo, permanece en estado sólido y se autoorganiza en una estructura de andamiaje microscópico, un esqueleto ultrafino.
“Nunca antes se habían reportado geles metálicos, probablemente porque nadie pensó que los metales líquidos pudieran ser soportados por un esqueleto interno ultrafino,” explicó Demkowicz sobre el hallazgo, que fue un descubrimiento fortuito mientras exploraban el comportamiento de compuestos de cobre y tántalo.
Lo sorprendente fue que, incluso cuando el cobre se fundió, no se deshizo en un charco, sino que quedó atrapado en los huecos de la matriz sólida de tántalo. Esta estructura resultante es el gel: un material que se siente y parece sólido, pero que contiene metal líquido en su interior.
Los investigadores enfocaron entonces su trabajo hacia el campo de las baterías. Lograron demostrar la viabilidad del concepto al construir una pequeña versión de laboratorio de una batería LMB utilizando el gel metálico como electrodo.
En esta prueba, emplearon un electrodo de calcio líquido y hierro sólido para el ánodo, y otro de bismuto líquido y hierro para el cátodo, sumergidos en una sal fundida caliente que facilitaba el flujo de carga eléctrica. La batería funcionó con éxito: produjo electricidad y, lo crucial, los electrodos mantuvieron su forma a pesar de ser mayoritariamente líquidos, confirmando la utilidad de la matriz de gel.
Las implicaciones para la industria del transporte son enormes. La creación de electrodos estables y resistentes al calor, a partir de metales altamente reactivos, significa que las LMB podrían utilizarse en vehículos pesados, flotas industriales y transporte marítimo, donde la alta densidad energética y la resistencia son prioritarias.
Además, el profesor Demkowicz señala aplicaciones aún más futuristas, como el suministro de energía a vehículos hipersónicos. Estos aviones, que operan a temperaturas altísimas, podrían integrarse perfectamente con el calor de operación de una LMB, generando una sinergia hasta ahora impensable.
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