Carlos Sainz, tras abandonar Ferrari por obligación debido al fichaje de Lewis Hamilton por el equipo de Maranello, se sumó al proyecto de Williams, ya que le pareció mejor alternativa que la de Audi, teniendo en cuenta los cambios normativos de 2026.
Si bien la temporada pasada había acallado a los más escépticos, con la conquista de nada menos que dos podios, no se puede decir lo mismo de la temporada actual.
Las perspectivas en vísperas del cambio normativo eran de lo más prometedoras y, en Grove, todos estaban convencidos de que podrían luchar por las primeras posiciones en 2026, gracias a un motor Mercedes que, según los expertos, ya el curso pasado era el favorito para marcar el punto de referencia de la parrilla.
Además, el propio director del equipo, James Vowles, había dicho explícitamente que quería sacrificar el último año de desarrollo de los monoplazas con efecto suelo para centrarse por completo en el proyecto de 2026.
Sin embargo, al llegar al shakedown de Barcelona, la primera oportunidad real para probar los nuevos coches, la escudería inglesa ni siquiera estuvo presente debido a retrasos.
Al salir a pista en los tests de pretemporada en Bahrein, el FW48 puso de manifiesto de inmediato todos sus problemas de diseño: un importante exceso de peso y una falta de carga aerodinámica alarmante, además de una escasa eficiencia que no le permitía aprovechar la gran potencia de los motores Mercedes en las rectas.
Entonces, ¿por qué, a pesar de que Williams llevaba tiempo trabajando en este proyecto, se retrasó tanto en el diseño y presentó un coche tan pobre?
Quien nos da la respuesta es el propio director, James Vowles: el ex de Mercedes, al frente del equipo desde 2023, ha querido hacer hincapié en las denominadas “facilities”, es decir, las infraestructuras que permiten gestionar íntegramente un equipo de la F1 y, evidentemente, diseñar el monoplaza.
Desde ese punto de vista, el equipo tiene muchas carencias, tanto en lo que respecta a las propias infraestructuras técnicas como en el aspecto organizativo, hasta tal punto que, según él, la mera sustitución del personal del equipo es un proceso que requiere unos tres años, sin contar las dificultades para contratar personal especializado procedente de otros equipos rivales sin contar con el atractivo necesario.
“No teníamos un sistema bien planificado, una estructura básica de apoyo. Sé cómo está formada una organización eficiente (Mercedes). Y aún hoy nos cuesta hacer lo mismo que los demás”, dijo el director de Williams.
En concreto, Vowles quiso destacar las dificultades que se plantean al tener que revolucionar, al mismo tiempo, una estructura organizativa inadecuada y diseñar un monoplaza que sea competitivo, sobre todo teniendo en cuenta los breves periodos en los que se puede actuar activamente para renovar las infraestructuras, es decir, la pausa de verano (en agosto) y el descanso de invierno.
Alexander Albon, Williams
Foto de: Steven Tee / LAT Images vía Getty Images
En cuanto a la temporada en curso, la convicción de los responsables era poder fabricar un monoplaza con un ligero exceso de peso, que no fuera el referente pero que tampoco se quedara tan rezagado de inicio.
Según Vowles, la causa del fracaso hay que buscarla en la falta de datos suficientes, tanto en términos cuantitativos como cualitativos. Los pocos datos de los que disponían no se consideraron fiables.
Por lo tanto, solo cuando se corrigieron en pista rápidamente esos datos y se utilizaron, el retraso acumulado respecto a las escuderías punteras ya era imposible de recuperar.
“Pensaba que seríamos capaces de fabricar un coche ligeramente por encima del peso permitido, pero más o menos dentro de los plazos previstos. No tanto como para ser el punto de referencia; no creo que hayamos dicho nunca que nos basáramos en ese objetivo para este año. Sin embargo, no es lo que hemos conseguido. Nos hemos quedado por debajo de las expectativas”.
“Y este es el motivo. Creo que, en retrospectiva, nos dimos cuenta de que teníamos algunos datos, pero ni siquiera confiábamos en ellos. La primera vez que se señalaron esos datos ya era demasiado tarde para hacer correcciones. Y cuando se acumula un retraso de tres semanas, que es lo que hemos acumulado, es irrecuperable”, explicó.
El británico puso como ejemplo a su antigua escudería, Mercedes, donde “se dispone de datos precisos y correctos acumulados a lo largo de una década”, gracias a una gran organización, unas competencias y unos métodos de trabajo que, a su llegada a Grove, James Vowles no encontró.
Y los problemas relacionados con las instalaciones no solo afectan a la producción de los nuevos monoplazas, sino también a la posibilidad de introducir paquetes de actualizaciones constantes y eficaces.
En ese aspecto, el director técnico ha destacado una grave brecha respecto a los equipos punteros, capaces de llevar nuevas piezas a la pista casi cada fin de semana.
Al mismo tiempo, la situación de gran dificultad vivida este invierno, según Vowles, ha llevado a Williams a realizar cambios que garantizarán ventajas de cara al futuro.
Por este motivo, el británico sostiene que llevará mucho tiempo devolver al equipo a los tiempos de gloria de su época dorada.
Quién sabe, pues, si un piloto de la talla de Carlos Sainz podrá o querrá esperar este largo proceso para volver a lo más alto… Según Vowles, el madrileño está 100% comprometido con Williams y quiere contribuir al crecimiento del equipo gracias también a su impulso; pero ya se sabe que, para un piloto, los años se notan, así que no descartamos otras opciones de cara al futuro para un piloto que necesita volver a subir al podio.
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