Todo el mundo tiene muy claro que el coche eléctrico es la próxima frontera en materia de movilidad. En un futuro no muy lejano todos tendremos un coche eléctrico en el garaje de casa. China y Europa dominan la transición hacia la electromovilidad, pero con ritmos diferentes. Europeos y chinos buscan el mismo objetivo, pero a diferencia de los asiáticos, en Europa todavía no disfrutamos de una red de carga lo suficientemente grande y fiable como para que la mayoría de conductores se atreva a dar el salto. El ejemplo más claro es el éxito de BYD con su red de carga ultrarrápida.
En marzo, BYD presentó una nueva generación de tecnologías. La prometida Blade Battery 2.0 con 1.000 kilómetros de autonomía y la red de carga capaz de dar soporte a esas nuevas pilas. Los sistemas Flash Charging instalados en los coches se combinan con estaciones específicamente diseñadas para suministrar grandes cantidades de autonomía en poco tiempo. Hasta 1.500 kW por punto, suficiente para recuperar del 10% al 97% de la capacidad de la batería en apenas 9 minutos. En China, BYD ya ha instalado 6.682 cargadores ultrarrápidos. En Europa, solo uno.
La expansión de este ecosistema de conectores rápidos comenzó de forma oficial el 5 de marzo de 2026. Ese mismo día BYD presentó sus nuevas baterías y la red de carga acompañante. El objetivo final de la empresa contempla el establecimiento de 20.000 puntos de carga ultrarrápida antes de que concluya el año en curso, reservando una partida específica de 2.000 estaciones para las principales vías de comunicación y autopistas del país asiático.
Apenas unos días después, en menos de un mes, BYD ya había acumulado 5.000 cargadores operativos en 297 ciudades chinas. Un hito impresionante que dió la vuelta al mundo. Sin embargo, posteriormente, la cadencia de montaje ha disminuido de forma notable, aún así supone una envidia para el cliente europeo. La compañía registró el punto número 5.715 en la región de Mongolia Interior a principios de mayo, para posteriormente situarse en 5.979 postes a mediados de ese mismo mes, sumando 703 nuevas conexiones durante el último periodo mensual evaluado.
A fecha del 17 de junio, BYD ya ha acumulado un total de 6.682 cargadores operativos repartidos en 321 ciudades chinas, lo que representa el 33,4% de la meta anual fijada por la dirección técnica. Para cumplir con las previsiones del proyecto en la segunda mitad de 2026, los equipos de instaladores deberán acoplar a la red eléctrica un volumen de 13.318 estaciones adicionales, un desafío complejo si se mantiene el promedio de ejecución actual. BYD tendrá que pisar el acelerador si quiere cumplir con lo prometido.
Fuera de sus fronteras, la marca planifica el despliegue de 6.000 puntos rápidos para finales de año, asignando la mitad de ellos al continente europeo. De hecho, el pasado 9 de junio se puso en funcionamiento la primera estación de 1.500 kW en territorio alemán, sumándose otra instalación piloto en el Reino Unido. Asimismo, BYD ha confirmado la intención de establecer 300 cargadores rápidos específicos en Oriente Medio antes de finalizar el ejercicio actual. Los de Shenzhen están ejecutando en tiempo récord una de las mayores redes de carga del mundo, solo equiparable a la construida durante más de una década por Tesla.
El primer punto europeo, el de Alemania, pronto estará operativo. Ahora, lo que queda por saber es qué precios le pondrá BYD a sus estaciones de carga ultrarrápida. Según las declaraciones de los responsables de la división británica de la marca, el objetivo fijado para el mercado europeo es mantener el coste del servicio por debajo de los 0,5 libras por kWh, lo que equivale a un precio inferior a los 0,58 euros por kWh. Es un coste alto, no nos vamos a negar, pero equilibrado si tenemos en cuenta las características de los puntos y la supuesta expansión de la red.
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En 109 días BYD ya ha instalado 6.682 puntos de carga ultrarrápida en China, pero solo uno en Europa

