La transición hacia el coche eléctrico parece imparable, pero no se producirá al mismo ritmo en todas partes. Europa será una de las regiones donde el cambio será más rápido, mientras otros mercados mantendrán durante más tiempo una elevada presencia de vehículos de combustión.
Según las nuevas proyecciones del Energy Transition Outlook 2026 de DNV, recogidas hoy por Reuters, el parque europeo de coches con motor de combustión pasará de unos 284 millones de unidades actuales a apenas 77 millones en 2050. Eso supone una caída superior a 200 millones de vehículos en menos de 25 años.
La electrificación será la principal responsable de este cambio. DNV prevé que los coches eléctricos de batería acaben dominando ampliamente el parque mundial, aunque con diferencias muy marcadas entre regiones en función de las ayudas, la infraestructura de recarga, el coste de los vehículos y las políticas energéticas.
Europa reducirá drásticamente los coches de combustión
Europa será precisamente una de las zonas donde la retirada de los motores tradicionales avanzará con mayor rapidez. La caída desde 284 millones hasta 77 millones de coches de combustión implica que aproximadamente tres de cada cuatro vehículos de este tipo desaparecerán del parque europeo antes de mediados de siglo.
El cambio coincide con una electrificación mucho más amplia de la economía europea. DNV calcula que la electricidad prácticamente duplicará su peso dentro de la demanda final de energía de aquí a 2050, impulsada especialmente por el transporte, los edificios y la industria.
La evolución del automóvil será una de las piezas más visibles de esa transformación. Europa ya cuenta con unas políticas de emisiones más estrictas, una oferta creciente de coches eléctricos y una infraestructura de recarga mucho más desarrollada que buena parte de los mercados emergentes.
Aun así, DNV no espera que el transporte europeo alcance por completo las emisiones netas cero en 2050. La transición será muy profunda, pero todavía quedará una parte del parque dependiente de combustibles fósiles y otros segmentos del transporte serán más difíciles de electrificar.
China parte de una situación diferente, pero también experimentará una transformación enorme. Reuters señala que el país cuenta actualmente con unos 37,5 millones de coches eléctricos y que esa cifra podría superar los 360 millones en 2050. Su ventaja procede de una combinación de industria local, fabricación de baterías, ayudas públicas y una infraestructura de recarga que lleva años creciendo rápidamente. A ello se suma un mercado doméstico gigantesco en el que fabricantes como BYD, Geely o SAIC han ganado un peso cada vez mayor.
DNV calcula que los vehículos eléctricos de batería acabarán representando más del 90% del parque de turismos en algunos de los mercados más avanzados. China y Europa aparecen entre las regiones que liderarán ese proceso durante las próximas décadas.
La transformación también está teniendo consecuencias industriales. DNV señala que los fabricantes chinos han aumentado su cuota en Europa y que las cadenas de suministro tradicionales ligadas al motor de combustión están perdiendo importancia frente a las baterías, el software y la electrónica.
El escenario cambia considerablemente cuando se observa Norteamérica, India, África o determinados países del sudeste asiático. En estas regiones, el precio de los coches eléctricos, la disponibilidad de cargadores y las políticas públicas pueden retrasar considerablemente la sustitución del parque de combustión.
En Estados Unidos, por ejemplo, Reuters señala que el ritmo de electrificación será inferior al europeo debido a cambios regulatorios y a un menor apoyo político. Aun así, DNV espera que el peso de los eléctricos siga aumentando de manera importante durante las próximas décadas.
India presenta un escenario todavía más distinto. Su parque de vehículos de combustión continuará creciendo durante años antes de comenzar a descender con fuerza, mientras que el salto hacia el coche eléctrico se concentrará especialmente a partir de la década de 2040.
En regiones con menor renta, la renovación del parque será necesariamente más lenta. Los vehículos permanecen en circulación durante más años y la infraestructura eléctrica y de recarga necesita inversiones muy superiores antes de que pueda producirse una electrificación masiva.
Reuters destaca además un elemento importante: para medir el impacto energético de la transición no basta con observar las ventas de coches eléctricos. También importa a qué velocidad desaparecen de las carreteras los vehículos de combustión que ya existen.
Un país puede alcanzar una cuota muy elevada de eléctricos entre los coches nuevos y, aun así, mantener durante años millones de vehículos de gasolina y diésel en circulación. Precisamente por eso las diferencias entre Europa, China y los mercados emergentes pueden mantenerse durante décadas.
La consecuencia también se notará en el consumo de petróleo. DNV prevé que la demanda de combustibles para carretera caiga con fuerza en Europa y China, mientras que en algunas economías emergentes podría permanecer relativamente estable durante bastante más tiempo.
El destino final parece cada vez más claro: DNV calcula que el 84% del parque mundial de vehículos será eléctrico en 2060. El problema ya no es tanto hacia dónde se dirige el automóvil, sino cuánto tardará cada región en llegar hasta allí.
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Europa perderá más de 200.000.000 de coches de combustión antes de 2050, pero la transición eléctrica irá a dos velocidades
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