
Fernando Alonso se marchó de Singapur con más preguntas que respuestas. El español había denunciado problemas en la entrega de potencia de su Aston Martin, hasta el punto de que Honda decidió sustituir componentes de su motor antes de la carrera. Sin embargo, ni siquiera aquello sirvió para acabar con sus dificultades, que volvieron a manifestarse el domingo.
Ahora, casi dos semanas después, el fabricante japonés ha revelado las conclusiones de su investigación: no había ninguna avería grave, pero sí un problema de funcionamiento que todavía necesita solución.
La situación fue especialmente frustrante para el bicampeón del mundo. Después del prometedor rendimiento del AMR26 en Sepang, Singapur parecía una oportunidad para volver a sumar puntos, pero terminó convirtiéndose en uno de los fines de semana más complicados del año. Alonso se quejó de una respuesta imprevisible del motor Honda, especialmente al acelerar a la salida de las curvas, y finalmente tuvo que arrancar desde el pitlane tras sustituir el turbo y modificar la configuración del coche.
Y lo peor llegó el domingo. Aunque el cambio había permitido aliviar algunas de las dificultades relacionadas con el turbo, Alonso continuó sufriendo problemas con el despliegue de energía eléctrica. El asturiano explicó después de terminar 16º que su monoplaza entregaba potencia en lugares donde no la necesitaba y dejaba de hacerlo cuando llegaba a las rectas. Una combinación prácticamente imposible de gestionar en carrera.
En la previa del Gran Premio de Estados Unidos, Shintaro Orihara, responsable de Honda en los circuitos, ha explicado a Motorsport.com qué encontraron los ingenieros después de devolver la unidad de potencia a las instalaciones de Sakura.
«En Singapur, aunque introdujimos un nuevo turbocompresor para gestionar el retraso del turbo, seguimos teniendo dificultades debido a las características particulares del circuito y a la situación de alta disponibilidad de energía», reconoció.
«Eso provocó una aceleración inestable para el piloto. En algunas vueltas tenía una buena aceleración y en otras no tanto, debido al retraso del turbo. Eso le generaba incomodidad», explicó el japonés, confirmando así que las sensaciones transmitidas por Alonso respondían a un problema real de funcionamiento, aunque no necesariamente a una rotura mecánica.
De hecho, la inspección realizada en Japón no ha encontrado daños importantes en el propulsor. «Respetamos los comentarios del piloto después de la clasificación y decidimos cambiar la unidad de potencia. Después, el motor regresó a Sakura, donde realizamos una inspección completa. Por el momento, no hemos encontrado ningún problema grave en la unidad de potencia», aseguró Orihara.
La ausencia de una avería grave no significa, ni mucho menos, que todo funcione correctamente. Ahí está precisamente una de las grandes dificultades de Honda esta temporada: el motor puede estar mecánicamente en buenas condiciones y, aun así, ofrecer una respuesta que impida al piloto aprovechar todo el rendimiento del coche.
En Singapur, la sucesión de frenadas fuertes y curvas lentas, combinada con las particularidades de la recuperación de energía, complicó especialmente el control del turbo. Y aunque Honda introdujo modificaciones para intentar minimizar ese retraso, el resultado quedó lejos de lo esperado.
Orihara reconoce que han extraído conclusiones útiles de lo ocurrido, pero también deja claro que las medidas que están preparando todavía deben demostrar su eficacia.
«Hemos aprendido algunas cosas de Singapur, así que estamos preparando medidas para el futuro. Sabemos que tenemos que mejorar nuestro control para gestionar el retraso del turbo«, afirmó.
«En estos momentos, nuestro sistema de control no satisface las exigencias del piloto. Pero hemos aprendido cosas de Singapur y estamos aplicando algunas medidas correctivas. Ahora tenemos que comprobar cómo funcionan en nuestra unidad de potencia».
La explicación también deja una incógnita de cara al resto de la temporada. Según el responsable de Honda, el despliegue del MGU-K puede ayudar a compensar el retraso del turbo, pero no siempre resulta suficiente. En determinados circuitos, las particularidades de la recuperación de energía limitan las posibilidades de mantener el motor en las condiciones óptimas para responder inmediatamente al acelerador.
Es precisamente lo que ocurrió en Marina Bay, donde la combinación de curvas de tipo stop and go y las exigencias de la gestión energética acabó por poner contra las cuerdas al conjunto Aston Martin-Honda.
Así pues, Austin será una nueva oportunidad para comprobar si el fabricante japonés ha conseguido avanzar en la dirección correcta. Porque, después de haber cambiado componentes en Singapur sin encontrar una solución definitiva, el objetivo ya no pasa simplemente por determinar si el motor está averiado, sino por conseguir que Alonso pueda confiar en cómo y cuándo le va a entregar toda su potencia.
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