
A veces no hace falta una larga entrevista, ni una reflexión preparada después de bajarse del coche, para saber cómo ven los pilotos a uno de sus rivales. A Oscar Piastri le bastaron unos segundos por radio.
Terminada la locura del Gran Premio de Bahrein en Malasia, el ingeniero del australiano comenzó a repasar la clasificación final. Piastri había cruzado la meta sexto después de una carrera complicada para McLaren y, unas posiciones más atrás, aparecía un nombre que llamó especialmente su atención.
Fernando Alonso, octavo.
La posición parecía lo suficientemente sorprendente como para que desde el muro de McLaren incluso se la confirmasen: «Sí, has oído bien. Alonso es P8».
La respuesta de Piastri llegó prácticamente de forma automática. «Wow. Siempre el maestro del caos».
Y probablemente pocas frases resumen mejor lo que había ocurrido durante las dos horas anteriores en Sepang.
Porque Alonso no tuvo el coche para ser octavo durante buena parte del gran premio. Tuvo, eso sí, una de esas carreras en las que el orden habitual desaparece y empiezan a pesar otras cosas: leer el asfalto, acertar cuándo atacar, entender cómo administrar la batería y, sobre todo, seguir vivo hasta que aparece una oportunidad.
El español tuvo que reconstruir su carrera después de que la apuesta inicial por los neumáticos de seco de Aston Martin no funcionase. A partir de ahí fue recuperando terreno en una tarde marcada por la lluvia, los coches de seguridad, las estrategias cruzadas y una gestión energética especialmente delicada con los monoplazas de 2026.
Alonso explicó después que una de las claves estuvo precisamente ahí. Mientras algunos rivales agotaban rápidamente la batería y necesitaban vueltas para recuperarla, él intentó reservarla para los puntos donde su AMR26 estaba más expuesto: las largas rectas de Sepang.
Y acabó haciendo algo que seguramente ayudó a provocar todavía más la sorpresa de Piastri: mantener detrás al otro McLaren.
Lando Norris llegó hasta la parte trasera del Aston Martin en las últimas vueltas, pero Alonso convirtió su déficit de velocidad punta en una pelea de colocación, batería y defensa. Aguantó el octavo puesto hasta la bandera a cuadros y consiguió su mejor resultado de la temporada.
De ahí que la radio tenga incluso más valor que un elogio posterior ante los micrófonos. Piastri no tuvo tiempo para construir una respuesta ni para buscar una frase bonita.
Escuchó «Alonso P8» y le salió sola. El maestro del caos.
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– El equipo de Motorsport.com
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