
Una hora de entrenamientos, una pista que no dejó de mejorar y más preguntas que respuestas. Así arrancó el primer Gran Premio de Singapur con formato sprint de la historia, en una única sesión de libres que dejó a George Russell en lo más alto, pero sin un dominador tan claro como podría sugerir la tabla de tiempos. Mercedes golpeó primero en Marina Bay, aunque Ferrari y McLaren demostraron tener argumentos para discutirle la pole sprint en una clasificación que, además, se disputará con unas condiciones muy diferentes.
Russell fue el más rápido con un 1:32.274, una vuelta que en un primer momento parecía inalcanzable, pero que acabó encontrando respuesta. Charles Leclerc terminó segundo, a menos de dos décimas, mientras que Lando Norris se quedó tercero, a unas dos décimas del británico. Tres equipos diferentes en las tres primeras posiciones y una sensación bastante clara: Mercedes sigue siendo la referencia, pero sus rivales no parecen dispuestos a regalarle nada en las calles de Singapur.
Y todavía faltaba una pieza importante en ese rompecabezas: Red Bull. Max Verstappen, que llega lanzado tras su victoria en Malasia y busca romper su particular maldición en Singapur, no llegó a montar los neumáticos blandos y completó sus simulaciones con medios. Su mejor vuelta, un 1:33.006, le dejó a siete décimas de Russell, una diferencia considerable sobre el papel, pero difícil de interpretar por la diferencia de compuestos. Si alguien tenía motivos para guardarse cartas de cara a la clasificación sprint, era el neerlandés.
En Ferrari también hubo motivos para sonreír, especialmente en el lado del garaje de Leclerc. El monegasco se llevó el primer duelo del fin de semana frente a Lewis Hamilton y demostró que el SF-26 podía ser competitivo en un trazado donde la confianza y la precisión marcan las diferencias.
Además, los blandos sorprendieron por su resistencia, permitiendo mejorar incluso después de varios intentos. Una circunstancia que convirtió los últimos minutos en una sucesión de vueltas rápidas y que todavía dejaba más dudas sobre el orden real de fuerzas.
En clave española, Fernando Alonso volvió a ofrecer motivos para el optimismo, aunque su 14ª posición final no pareciese especialmente llamativa. Singapur era, sobre el papel, una de las últimas grandes oportunidades de Aston Martin para sacar partido a un circuito con pocas rectas, y el asturiano se mostró cómodo desde el inicio. Tanto que terminó sacándole 8 décimas a Lance Stroll, 20º, solo por delante de los Cadillac. Una diferencia que, más allá de las condiciones de cada programa de trabajo, volvía a poner en valor el rendimiento del bicampeón.
Carlos Sainz, por su parte, acabó decimoquinto, justo por detrás de Alonso, en una sesión en la que Williams tampoco parecía tener argumentos para aspirar a mucho más. La zona media, sin embargo, prometía una batalla especialmente ajustada: Pierre Gasly fue el mejor del resto, con Alpine, Racing Bulls y Haas F1 mostrando buenas sensaciones, pero con diferencias lo suficientemente pequeñas como para que cualquier mejora cambiase el orden. Para Alonso y Sainz, superar el primer corte de la clasificación sprint parecía un objetivo razonable; llegar a la SQ3 ya exigiría algo más.
Y esa fue precisamente la gran conclusión de los únicos libres del fin de semana: pocas certezas y muchísimo por decidir. La evolución del asfalto fue constante, los programas de neumáticos muy diferentes y la caída de la noche cambiará las condiciones cuando llegue la hora de la verdad. Russell parte con la mejor referencia, pero entre Mercedes, Ferrari, McLaren y una Red Bull todavía por descubrir, Singapur promete una clasificación sprint en la que nadie puede darse por favorito absoluto.
El Gran Premio de Singapur arrancó con una novedad importante: por primera vez, las calles de Marina Bay acogían un fin de semana con formato sprint, lo que dejaba a los pilotos y equipos con una única sesión de entrenamientos libres para poner a punto sus monoplazas. Y, como era de esperar, nadie quiso perder ni un segundo. Desde que el semáforo se puso en verde, prácticamente toda la parrilla salió a pista con neumáticos duros, a excepción de los dos Cadillac, que apostaron por los medios, en una sesión en la que cada minuto de rodaje podía resultar decisivo.
Sin embargo, las condiciones de esos primeros entrenamientos iban a ser poco representativas de lo que esperaba a los pilotos en la clasificación sprint. Con el paso de las horas, la noche caería sobre Singapur, las temperaturas bajarían y el asfalto ofrecería unas condiciones muy diferentes. A eso había que añadir otro factor habitual en los circuitos urbanos: una pista todavía muy sucia y con escaso agarre, que prometía una evolución considerable a medida que los coches acumulasen vueltas.
Y así fue desde los primeros compases. Las referencias iniciales rondaban el 1:38 y el 1:39, pero los tiempos comenzaron a desplomarse rápidamente. Apenas habían transcurrido seis minutos cuando Max Verstappen se colocó al frente con un 1:35.641, aunque su liderato duró poco. Charles Leclerc y Lando Norris no tardaron en rebajar la barrera del 1:35.3, en una sucesión constante de mejoras que dejaba claro que, más que buscar los límites de sus monoplazas, los pilotos estaban todavía descubriendo cuánto agarre podían encontrar en las calles de Marina Bay.
En cuanto a los pilotos españoles, Fernando Alonso arrancó con buenas sensaciones en un circuito que, sobre el papel, podría ofrecer a Aston Martin una de sus últimas oportunidades del año para sumar puntos. Las pocas rectas y el predominio de curvas lentas juegan a favor de las características del AMR26, y el asturiano se mantuvo cerca del top 10 durante los primeros compases. Tras 15 minutos, ocupaba la undécima posición con un 1:36.457, una referencia todavía poco significativa, pero que invitaba a cierto optimismo.
Más discreto fue el inicio de Carlos Sainz, que aparecía en la decimoséptima posición con su Williams. Sin embargo, la tabla de tiempos todavía había que cogerla con pinzas: la pista mejoraba prácticamente con cada vuelta y el momento elegido para marcar el crono podía valer varias posiciones.
La evolución de la pista seguía siendo espectacular. De aquellos primeros registros de 1:38 y 1:37 ya apenas quedaba rastro, y George Russell aprovechó la mejora del asfalto para colocar su Mercedes al frente con un 1:33.886. Leclerc se quedaba a solo 83 milésimas, mientras que Isack Hadjar y Andrea Kimi Antonelli también rodaban cerca de la cabeza, con Lewis Hamilton un pequeño paso por detrás y más lento que su compañero en los primeros instantes de sesión.
Más le estaba costando encontrar el ritmo a Verstappen, precisamente en uno de los pocos circuitos que todavía se le resisten en la F1. El neerlandés nunca ha ganado en Singapur, pero llegaba con la moral por las nubes tras su victoria en Malasia y la evidente mejoría de Red Bull en las últimas carreras.
Quien seguía dejando buenas sensaciones era Alonso. El asturiano parecía dispuesto a aprovechar otro circuito favorable para Aston Martin y, al llegar al ecuador de la sesión, ya era noveno con un 1:35.185, a solo nueve milésimas de Pierre Gasly, una de las referencias de la zona media con su Alpine. Todavía sin montar los blandos, el ritmo del AMR26 invitaba al optimismo, aunque quedaba mucho por descubrir.
Menos prometedor era el panorama para Carlos Sainz, que ocupaba la decimoquinta posición con un Williams al que, como se esperaba, le estaba costando más adaptarse a las calles de Singapur. Eso sí, las diferencias en la zona media eran mínimas y, aunque la evolución del asfalto empezaba a estabilizarse, todavía había margen para mejorar. De momento, Alonso parecía tener más motivos para sonreír que su compatriota.
A falta de poco más de 20 minutos, los neumáticos duros seguían siendo los protagonistas. Nadie tenía prisa por montar los blandos, reservados para un simulacro de clasificación con la pista en mejores condiciones, aunque todavía lejos de las que encontrarían por la noche. Mientras tanto, Mercedes confirmaba sus buenas sensaciones: Antonelli tomaba el mando con un 1:33.830, seguido muy de cerca por Leclerc y Russell. Los cinco primeros estaban separados por apenas tres décimas, con Norris sexto a cuatro, una igualdad que prometía una lucha muy ajustada por la pole sprint.
En Ferrari, sin embargo, parecía haber dos realidades. Mientras Leclerc se mantenía constantemente entre los más rápidos, Hamilton tenía más dificultades para encontrar esas últimas décimas y rodaba a medio segundo de su compañero. Y eso que Singapur ha sido históricamente uno de los escenarios donde el británico ha firmado algunas de sus mejores vueltas de clasificación. La particular batalla entre los dos pilotos de Maranello también comenzaba a tomar forma desde el viernes, con el monegasco aparentemente más cómodo en las calles de Marina Bay.
Pese a que los pilotos empezaban a rozar los muros en busca de los límites, la sesión transcurría con sorprendente tranquilidad, más allá de alguna pasada de frenada. Sin embargo, a falta de 18 minutos llegó el primer contratiempo importante: Nico Hulkenberg tuvo que detener su Audi por un problema en la caja de cambios, según comunicó por radio.
A falta de 15 minutos, llegaron las primeras simulaciones de clasificación, aunque no todos apostaron directamente por los blandos. Alonso y Sainz, por ejemplo, sorprendieron montando los medios, y los resultados fueron alentadores. El asturiano escaló hasta la octava posición con un 1:34.644, a ocho décimas del mejor tiempo de Antonelli y como el más rápido de la zona media, incluso por delante de un Verstappen que apenas había rodado y seguía en boxes buscando soluciones en su Red Bull.
Aston Martin empezaba a confirmar que Singapur podía ser una buena oportunidad para pelear por algo más que las últimas posiciones de puntos.
Y Sainz tampoco se quedó atrás. El madrileño se colocó noveno, a solo siete milésimas de Alonso, demostrando que Williams también podía tener algo que decir en una zona media tremendamente igualada. Poco después, Arvid Lindblad les arrebató una posición con su Racing Bulls, superando al asturiano por apenas una décima. Una diferencia mínima que dejaba entrever lo cara que podía estar una plaza en la SQ3 de esa misma tarde.
Y cuando llegaron los primeros simulacros de clasificación con blandos, saltó la sorpresa: Mercedes ya no mandaba. Hamilton se colocó al frente con un 1:32.821, apenas 43 milésimas por delante de Russell y 77 de Oscar Piastri. Tres coches diferentes en menos de una décima que confirmaban la enorme igualdad en cabeza. Charles Leclerc también presentó su candidatura con un tiempo a una décima, pese a tener que abortar su primer intento por tráfico. Eso sí, todavía faltaba por ver el verdadero potencial de Antonelli, Verstappen y Hadjar, que habían optado por los medios.
Por detrás, Alonso seguía exprimiendo esos neumáticos medios y rebajaba su registro hasta el 1:34.495, quedándose undécimo, a solo 19 milésimas de Lindblad. Sainz rodaba apenas una décima más atrás, pero la aparición de Oliver Bearman y Gasly entre los más rápidos de la zona media volvía a apretar todavía más las diferencias. Nadie parecía capaz de destacarse claramente en esa batalla, mientras los blandos demostraban que podían ofrecer varias vueltas competitivas y dejaban la puerta abierta a nuevas mejoras en los últimos minutos.
Pero cuando parecía que la lucha por el mejor tiempo estaba más igualada que nunca, Russell dio un golpe sobre la mesa. El británico destrozó el cronómetro con un espectacular 1:32.274, dejando a Lando Norris a dos décimas y al resto en otra liga. Hamilton, Piastri y Leclerc rodaban en la misma décima, pero ya a más de medio segundo del Mercedes. Una vuelta que asustaba, aunque con un matiz importante: Russell tendría que salir desde el fondo de la parrilla el domingo por su sanción. McLaren, por su parte, empezaba a recuperar sensaciones tras dos grandes premios complicados.
Eso sí, todavía quedaban incógnitas importantes. Antonelli no había montado los blandos, en lo que parecía una estrategia dividida de Mercedes, mientras que Verstappen tampoco había probado el compuesto más rápido y ocupaba la sexta posición con medios, a un segundo de Russell. Por detrás, Alonso había caído hasta el decimocuarto puesto tras las últimas mejoras, con Alpine, Racing Bulls y Haas F1 aparentemente un paso por delante de Aston Martin. Sin embargo, las diferencias seguían siendo mínimas y, aunque la SQ3 parecía un objetivo ambicioso, la pelea por superar los primeros cortes de la clasificación sprint prometía estar muy abierta.
Los blandos seguían dando mucho juego y algunos pilotos incluso encontraban margen para mejorar en su tercer intento. Fue el caso de Leclerc, que rebajó su registro hasta el 1:32.472 para colocarse segundo, a menos de dos décimas de Russell. Norris también consiguió mejorar en su siguiente vuelta, confirmando que McLaren volvía a estar en la pelea tras dos fines de semana complicados. Mercedes, Ferrari y McLaren empezaban a enseñar sus cartas, con diferencias cada vez más ajustadas.
La gran incógnita seguía siendo Red Bull. Verstappen todavía no había montado los blandos, pero su 1:33.006 con medios, a siete décimas de Russell, tampoco era una mala referencia. Faltaba por conocer cuánto tiempo se ganaba realmente entre ambos compuestos, aunque el neerlandés parecía tener argumentos para sumarse a una batalla por la pole sprint que, de momento, seguía sin un favorito indiscutible.
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