Tsunoda se sincera sobre su peor año en F1: “No disfrutaba de mi vida” #F1 #FVDigital

Tsunoda se sincera sobre su peor año en F1: “No disfrutaba de mi vida” #F1 #FVDigital


Durante años, Yuki Tsunoda tuvo una fórmula bastante sencilla para dejar atrás un mal fin de semana. Comer algo que le gustase, desconectar unos días y volver a empezar. Funcionaba. Hasta que dejó de hacerlo.
La temporada 2025 no sólo puso a prueba a Tsunoda como piloto después de dar el salto a Red Bull. Fuera del coche, la sucesión de dificultades fue desgastándole hasta llegar a un punto que ahora, con la perspectiva que da haber pasado varios meses alejado de la parrilla, reconoce que nunca había experimentado.
“Definitivamente, 2025 fue el año más duro de mi carrera”, admite Tsunoda en el podcast oficial de la Fórmula 1, Beyond the Grid. “Aprendí muchísimas cosas, también como ser humano”.
No es una frase hecha.
El japonés recuerda que, especialmente durante la segunda mitad de aquella temporada, empezó a darse cuenta de que algo había cambiado. Volvía a casa después de los grandes premios agotado y aquello que durante años había funcionado como su particular botón de reinicio ya no surtía efecto.
“Normalmente, en cuanto comía algo bueno o hacía algo que me gustaba, podía resetearme entre carreras”, explica. “Pero empecé a tener muchos problemas incluso con eso, sobre todo hacia la segunda mitad de la temporada”.
“Por alguna razón, cuando volvía a casa me sentía muy agotado. Normalmente conseguía recuperar esa energía después de hacer algo que me gustase, pero sentía que esa energía nunca regresaba”.
Y el calendario no esperaba a nadie.
Una carrera daba paso a la siguiente mientras Tsunoda intentaba encontrar respuestas dentro de un Red Bull que nunca terminó de comprender.
Su temporada se convirtió en una montaña rusa. Había fines de semana en los que parecía dar un paso adelante y otros en los que la confianza volvía a desaparecer. Al mismo tiempo, cada gran premio suponía otra oportunidad para ser comparado con Max Verstappen, al que el propio japonés considera “el mejor piloto de la historia”.
Pero llegó un momento en el que el problema dejó de ser únicamente el cronómetro.
“En algún punto me di cuenta de que realmente no estaba disfrutando de mi vida”, reconoce.
“Sentía que no estaba disfrutando de la situación. Tampoco estaba disfrutando mucho de pilotar un Fórmula 1, probablemente no tanto como durante mis primeros dos o tres años”.
Para alguien que había construido prácticamente toda su vida alrededor de llegar hasta allí, esa quizá fue la señal más evidente de todas.
Tsunoda empezó entonces a preguntarse qué necesitaba fuera del circuito. Si la comida ya no bastaba, ¿qué otras cosas conseguían hacerle feliz? Una de las respuestas estaba a miles de kilómetros.
“Normalmente son mis amigos, pero la mayoría están en Japón. Y entonces me di cuenta: ‘Vale, en realidad estoy lejos de Japón’. Era algo en lo que no había pensado prácticamente desde que estaba en Fórmula 3″.
El japonés buscó también apoyo profesional durante aquel periodo. Explica que trabajó con profesionales de la psicología y con su entrenador para intentar gestionar mejor lo que estaba atravesando, aunque el frenético tramo final de la temporada hacía difícil encontrar espacio para detenerse.
“Fue una época muy dura”, resume.
Pero también una que le obligó a conocerse de una manera que cinco temporadas completas en Fórmula 1 no habían conseguido.


Quizá por eso su reacción cuando Red Bull le comunicó que se quedaría sin asiento resulta tan reveladora.
Fue Helmut Marko, el mismo hombre que había apostado por él cuando apenas tenía 17 o 18 años y le había abierto las puertas del programa de jóvenes pilotos de Red Bull, quien se lo comunicó en persona.
Tsunoda estaba decepcionado. Estaba triste. Pero no tanto como había imaginado.
“Había luchado muchísimo. Más que nunca durante 2025”, recuerda. “Incluso mirando atrás ahora, no tengo demasiados arrepentimientos. Lo di todo”.
El desenlace no era el que quería, pero había llegado a un punto en el que podía aceptarlo. Y en algún rincón, muy pequeño, apareció incluso otro sentimiento. “Una parte muy pequeña de mi corazón decía: ‘Vale, ahora puedo relajarme’”.
“Había sido muy estresante. En la segunda mitad de 2025 luché muchísimo y con mucha presión. Nunca había podido realmente respirar”.
Meses después, aquella pausa que nunca había querido terminó cambiando su relación con la Fórmula 1.
Tsunoda comenzó 2026 mirando las carreras desde fuera.
Red Bull le permitió mantener cierto contacto con un Fórmula 1 mediante jornadas de TPC, pero fueron apenas cuatro días de conducción en ocho meses. Podía pilotar, sí, pero estaba solo en pista. Sin clasificación, sin posiciones que defender y sin otro coche al que intentar adelantar.
Hasta que una lesión de Isack Hadjar abrió inesperadamente una puerta.
Tsunoda estaba de vacaciones en Grecia cuando recibió el aviso. Voló al Reino Unido, pasó horas en el simulador y llegó a Zandvoort para ponerse al volante de un coche de 2026 que nunca había pilotado antes.
Y allí descubrió cuánto lo había echado de menos. Hasta el tráfico. Tsunoda, cuya radio se convirtió durante sus primeros años en F1 en una fuente casi inagotable de enfados cuando encontraba un coche en mitad de una vuelta rápida, se sorprendió a sí mismo durante los Libres 1 de Países Bajos.
“Tuve tráfico durante mi vuelta rápida y ni siquiera me alteré demasiado”, cuenta. “Pensé: en realidad, esto también es una de las cosas que echaba de menos”.
La tregua duró poco —él mismo bromea con que en Monza volvió a aparecer el viejo Yuki—, pero la sensación permaneció.
En Zandvoort disfrutó incluso de los errores, del viento que podía arruinar una vuelta y de la presión de volver a luchar por una posición. “Me sentía como un rookie, como si fuera mi primera carrera”, explica.
Una semana después terminó décimo en Monza. Sobre el papel era sólo un punto. Para Tsunoda significaba bastante más. “La sensación que tuve cruzando la meta décimo fue definitivamente más especial que cualquier otro décimo puesto de los últimos tres años”, asegura. “Fue muy parecido a la primera vez que conseguí puntos en mi primer año”.
Puede que la paradoja de su último año y medio sea precisamente esa. Tsunoda necesitó perder aquello por lo que había luchado toda su vida para recordar cuánto le gustaba tenerlo.
Y después de un 2025 en el que llegó a no disfrutar ni siquiera pilotando un Fórmula 1, en 2026 descubrió que había vuelto a echar de menos hasta aquello que antes le hacía pulsar enfadado el botón de la radio.

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