
Hay una trampa bastante lógica cuando al otro lado de tu garaje está Max Verstappen. Si el mismo coche que a ti te trae de cabeza es capaz de ganar en sus manos, mirar qué está haciendo el neerlandés parece casi obligatorio. Y si sus reglajes funcionan, ¿por qué no probarlos?
Yuki Tsunoda lo hizo. Ahora cree que no debería haberlo hecho.
Más de un año después de aquella complicada aventura con Red Bull, el japonés ha realizado una interesante autopsia de su temporada 2025 y ha identificado el que considera que fue, probablemente, su “mayor error”: intentar llevar su RB21 hacia las configuraciones que utilizaba Verstappen, incluso cuando lo que pedía el coche de Max iba en la dirección contraria a lo que él necesitaba.
“Lo que hice principalmente, y lo que ahora creo que fue probablemente el mayor error del año pasado, fue intentar replicar el setup que él estaba utilizando”, reconoció Tsunoda en el podcast oficial de la Fórmula 1, Beyond the Grid.
La confesión resulta especialmente interesante vista con la perspectiva que da el tiempo. Porque cuando Tsunoda aterrizó en Red Bull en el Gran Premio de Japón de 2025, después de sólo dos carreras de Liam Lawson junto a Verstappen, hizo precisamente eso.
En Suzuka explicó que había ido “hacia el lado de Max” con los reglajes y que, para su propia sorpresa, era capaz de pilotar razonablemente bien el coche de esa manera. Tras probar configuraciones todavía más extremas en el simulador, incluso llegó a decir que era “increíble” que Verstappen pudiera conducir así.
El problema es que poder conducir un coche y poder extraer todo lo que tiene dentro son dos cosas muy distintas.
Eso es lo que Tsunoda cree entender ahora. El japonés asegura que nunca fue a Red Bull pensando que debía convertirse en una copia de Verstappen. De hecho, reivindica justamente lo contrario: tiene demasiado convencimiento en su propio pilotaje como para reconstruirlo alrededor de otro piloto.
“Si soy completamente sincero, tengo un ego lo suficientemente grande como para no cambiar mi estilo de pilotaje“, explicó. “Sé lo que hago al volante y creo en mí mismo. Nunca intento cambiar mi estilo por el de otro piloto, aunque sea competitivo y rápido”.
Verstappen, evidentemente, era una excepción hasta cierto punto.
“Con Max es un caso diferente. Es campeón del mundo, ha demostrado muchísimas cosas y sigo aprendiendo mucho de su pilotaje”.
Por primera vez prácticamente desde que empezó a competir, Tsunoda llegó incluso a plantearse modificar determinados aspectos de su conducción para acercarse al neerlandés. Sin embargo, al analizar la telemetría, asegura que tampoco encontraba diferencias gigantescas entre ambos.
El verdadero problema apareció en otro sitio: los reglajes.
Tsunoda empezó a perseguir soluciones que funcionaban para Verstappen aunque sus propias sensaciones le estuvieran diciendo que necesitaba exactamente lo contrario.
“Si yo sentía mucho sobreviraje, el coche de Max, en teoría, podía hacerlo todavía peor para conseguir que fuese más sensible en los cambios de dirección o que deslizase más”, explicó.
Y aun así, Tsunoda elegía esa dirección.
“Yo tendía a escoger ese setup aunque ya estuviese sufriendo con sobreviraje. Y también podía suceder al revés: aunque estuviese sufriendo subviraje y su coche tuviera más subviraje, intentaba replicarlo”.
Ahí estaba la trampa.
La explicación de Tsunoda también ayuda a comprender por qué compartir garaje con Verstappen ha resultado tan complicado para tantos pilotos.
Porque el japonés no reduce la diferencia a que Max pueda soportar simplemente un coche más nervioso.
Según Tsunoda, una de las grandes virtudes del tetracampeón es detectar extremadamente rápido qué quiere hacer el coche por sí mismo en cada fase de una curva y utilizar esa reacción a su favor.
Puede ser una rotación repentina al entrar, un eje delantero que empieza a deslizar o cualquier pequeño movimiento que altere el equilibrio. Verstappen, según su antiguo compañero, es capaz de percibirlo antes y convertirlo en una herramienta.
“Él puede utilizarlo y puede ‘oler’ ese comportamiento probablemente mucho más rápido que yo”, explicó.
Tsunoda hacía algo diferente. Cuando el RB21 reaccionaba de una manera que no encajaba con lo que esperaba, tendía a intentar imponer su pilotaje sobre el coche.
“Si tenía uno de esos momentos, una entrada muy brusca, rotación o deslizamiento del tren delantero, yo tendía a forzar el coche hacia la manera en la que quería pilotar”.
Eso era precisamente lo extraño. Durante sus cuatro temporadas en la estructura de Faenza, Tsunoda había desarrollado la capacidad de entender qué necesitaba el monoplaza y trabajar alrededor de sus características naturales. Con el Red Bull, nunca consiguió hacerlo de la misma manera.
Y cree que detrás de todo estaba una palabra: confianza.
La relación entre Tsunoda y el RB21 había empezado con una mezcla peligrosa de ilusión y urgencia.
Red Bull le llamó para sustituir a Lawson a partir de Suzuka. Tsunoda venía de conducir un Racing Bulls que conocía prácticamente de memoria y se encontró de repente con un coche con una ventana de funcionamiento mucho más estrecha y cuyo comportamiento al límite podía cambiar de forma difícil de anticipar. Durante aquella temporada, además, su accidente de clasificación en Imola le dejó temporalmente sin algunas de las últimas piezas disponibles y complicó todavía más su adaptación.
La diferencia respecto a su anterior monoplaza fue inmediata. “Red Bull seguía siendo un coche completamente diferente. Eso fue lo que sentí nada más subirme en Suzuka”.
Tsunoda pensó durante buena parte de la temporada que había construido la confianza necesaria. Mirándolo ahora, cree que se equivocaba.
“Conseguí construir cierto nivel de confianza, pero para maximizar todo el rendimiento creo que eso era probablemente lo que me faltaba. Estuve intentando encontrar esa confianza durante todo el año”.
Y nunca terminó de encontrarla. De hecho, Tsunoda reconoce en la misma entrevista algo todavía más llamativo: incluso después de terminar la temporada en Abu Dhabi seguía sin comprender completamente el RB21.
“Nunca había tenido un año en el que no supiera cómo pilotar el coche. Pero incluso después de Abu Dhabi sentía que no sabía qué tipo de coche estaba conduciendo”.
Su paso por Red Bull acabó al término de 2025 y Tsunoda se quedó sin asiento titular para 2026. Él mismo ha descrito posteriormente aquella etapa como la más complicada de su carrera y de su vida.
Ahora, después de regresar circunstancialmente a la parrilla por la lesión de Isack Hadjar, puede mirar aquella temporada desde otra perspectiva.
Y quizá esa sea la mayor lección que se llevó de compartir garaje con Verstappen: la solución para conducir como Max no estaba necesariamente en conducir el coche de Max.
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