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Bortoleto en exclusiva: «¿Kimi y Hadjar en el podio? Lo veremos dentro de 20 años» #F1 #FVDigital

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Bortoleto en exclusiva: «¿Kimi y Hadjar en el podio? Lo veremos dentro de 20 años» #F1 #FVDigital

Gabriel Bortoleto los ve subir al podio. Andrea Kimi Antonelli e Isack Hadjar son chicos de su misma generación, pilotos con los que ha compartido buena parte de su camino hacia la Fórmula 1. Los conoce bien, ha competido contra ellos y sabe que los ha vencido. Sin embargo, a día de hoy sus respectivas carreras atraviesan momentos diferentes. Hadjar y Antonelli ya han saboreado el champán de la F1, mientras que él está enfrentándose a un reto distinto: contribuir al crecimiento de un proyecto con visión de futuro.
La situación podría generar impaciencia. Bortoleto, en cambio, parece haber encontrado una forma muy sensata de lidiar con ella. «Veo a Hadjar, pero también a Kimi. Son los dos de mi generación que están subiendo al podio. He corrido toda mi vida con ellos. La verdad es que en las categorías inferiores también me fue bien compitiendo con ellos y conozco mis capacidades. Pero tengo que tener paciencia. Cada uno tiene su camino. Ya veremos dentro de veinte años cómo acabamos«.
Probablemente sea la última frase la que mejor describe al Bortoleto de hoy. A sus 22 años ya ha hecho realidad el sueño que le acompañaba desde niño: llegar a la F1, pero también ha descubierto la otra cara de la moneda. Tras años dedicados a ganar en las categorías inferiores, ahora debe medir sus progresos con un criterio diferente.
«Estoy muy contento de estar en la F1, es el primer paso de un sueño que siempre he tenido. A su vez, para ser sincero, también es difícil cuando vienes de las categorías inferiores, donde has ganado, y llegas a la F1 sabiendo que no puedes luchar por las primeras posiciones. Ya han pasado casi dos años, pero el objetivo todavía es sumar puntos y no es fácil», reconoció.
La cuestión es lo que Bortoleto ve por delante. No considera a Audi una etapa intermedia a la espera de una oportunidad mejor. No habla como un piloto que está esperando destacar para convencer a uno de los equipos punteros. Su apuesta es otra: seguir ahí cuando sea Audi quien se convierta en un equipo puntero.
«Lo que me motiva y me impulsa a seguir adelante es el proyecto del que formo parte. No estoy en un equipo cuya ambición sea quedarse donde estamos. Estoy en un equipo que mejora cada año y que tiene ante sí un proyecto claro a largo plazo. Espero que algún día mire atrás y vea que el camino recorrido ha servido para llegar a lo más alto».
Es una convicción que surge varias veces durante la conversación. Incluso cuando se le señala que, por su edad y por sus perspectivas, representa uno de los pilares del programa de Audi, Bortoleto no habla de presión.
«Orgullo sí, presión no. Habrá momentos difíciles, habrá momentos en los que no se gane y yo debo seguir trabajando en mi mentalidad, en mí mismo y en desarrollarme como piloto. Porque el día en que Audi me dé la oportunidad de ganar, con un coche ganador y un motor ganador —y sucederá, no creo que tarde mucho tiempo—, tendré que estar preparado para demostrar que soy capaz«.
Llama la atención ese «sucederá» tan rotundo. No es un «y si», sino un «cuándo». Bortoleto parece haber aceptado que su trayectoria requiere una moneda que a un piloto joven normalmente le cuesta gastar: el tiempo.
También porque sabe perfectamente que las jerarquías pueden cambiar. «Ahora Hadjar y Kimi están sin duda más cerca del objetivo final, que es ganar el Mundial, pero puede que en un año todo cambie. Nunca se sabe. Yo tengo que seguir dando lo mejor de mí mismo».
Gabriel Bortoleto, Audi F1 Team, Mattia Binotto, Audi F1 Team
Foto de: Guido De Bortoli / LAT Images vía Getty Images
Hay una persona con la que Bortoleto habla a menudo precisamente de esta situación: Mattia Binotto. El responsable del proyecto de Audi vivió desde dentro los años de éxito de Ferrari, ha pasado por ciclos muy diferentes y ahora se encuentra construyendo algo partiendo de cimientos completamente nuevos.
«Hablo mucho con Mattia. A menudo le pido ayuda con esta situación porque sé que tiene mucha experiencia y entiende por lo que estoy pasando. Él ya ha estado en un equipo ganador y ahora está en un equipo que quiere ganar. Me ayuda mucho».
Su relación parece haber ido más allá de la tradicional entre un piloto y su jefe de quipo.
«Es un mentor, es un amigo, es un jefe, pero también es una figura muy diferente de lo que me imaginaba. Porque, al fin y al cabo, cuando tienes un jefe, normalmente la relación es un poco formal. Él, en cambio, es una persona diferente».
«No lo veo solo como un jefe, sino también como alguien a quien puedo acudir para pedirle consejo sobre mi vida personal. Este aspecto es muy bonito», añadió.
Además, hay otro consejero muy especial. Se llama Max Verstappen.
Los dos son amigos, comparten la pasión por las carreras de simulación y Bortoleto no oculta que esa relación le permite recibir consejos valiosos. No necesariamente sobre cómo afrontar una curva o preparar una clasificación. Gabriel quiere entender, sobre todo, cómo se forma un equipo ganador.
«Hablo a menudo con Max. Obviamente, los detalles quedan entre él y yo, pero muchas veces hablamos de cómo me siento, de cómo estoy madurando, de lo que espero de Audi y de cómo estamos evolucionando como equipo. Le hago preguntas sobre la situación que vivió en Red Bull antes de ganar el Mundial: cómo eran las cosas, cómo funcionaba el equipo». Son preguntas que a veces surgen de la forma más informal posible, durante una sesión frente a un videojuego. «Son cosas que se me ocurren, quizá mientras estamos jugando, y entonces se las pregunto».
Binotto y Verstappen representan dos perspectivas diferentes sobre la misma cuestión. El primero sabe lo que significa construir una estructura destinada a ganar; el segundo ha podido vivir en primera persona la espera que precedió a su primer título del mundo en F1. Bortoleto escucha a ambos, porque hoy su reto no es solo ir rápido: es prepararse para el momento en que disponga de las herramientas necesarias para ganar.
Gabriel Bortoleto, Audi F1 Team, Max Verstappen, Red Bull Racing
Foto de: Jayce Illman / Getty Images
La paciencia que muestra hoy resulta curiosa si se compara con el Bortoleto de las categorías inferiores. Por aquel entonces no quería ni oír hablar de alternativas a la F1.
«Nunca», responde cuando se le pregunta si tuvo un plan B. «Mucha gente me decía que estaba mal pensar así y puede que lo estuviera, porque hay muchas categorías en el automovilismo que ofrecen la posibilidad de convertirse en profesional y correr al más alto nivel. Pero yo quería llegar a la F1 porque era la categoría con la que soñaba de niño».
Con el paso de los años, quienes le rodeaban intentaban devolverle a la realidad. Había pocos asientos disponibles, las oportunidades eran limitadas y muchos pilotos con talento se quedaban fuera.


«Me decían: ‘Aunque ganes la Fórmula 3 y aunque estés ganando la Fórmula 2, si al final no sale bien, ¿qué harás?’. Y yo respondía: ‘Eso no me cabe en la cabeza. Ni se te ocurra decírmelo’. Me enfadaba y me marchaba».
La respuesta llegó en la pista. Bortoleto ganó la Fórmula 3 en su año de debut y al año siguiente dio el salto a la Fórmula 2. Uno de los momentos que recuerda con mayor intensidad es el de Monza en 2024.
En la clasificación se salió en la primera curva de Lesmo. Estaba en plena lucha por el título: Hadjar saldría delante y él desde la última posición. Durante unos minutos pensó que lo había echado todo a perder. «Me dije: salgo último, él sale tercero; aunque haga la carrera de mi vida, ¿en qué posición puedo terminar? Tenemos todos los coches iguales, no es que uno sea mucho más rápido que otro. Incluso los ingenieros decían que no sería fácil adelantar». Pues acabó ganando esa carrera.
«Con todo lo que pasó en la carrera, ganar fue para mí una emoción increíble. Algo realmente especial». También fue un mensaje para el paddock. Bortoleto aún no tenía contrato para correr en Fórmula 1 y sabía que cada oportunidad podía ser decisiva. «Tenía que demostrar que merecía una oportunidad».
Gabriel Bortoleto, Audi F1 Team
Foto de: Sam Bloxham / LAT Images vía Getty Images
Cuando por fin llegó esa llamada, Bortoleto no había comprendido del todo, en un primer momento, lo que estaba pasando. Las negociaciones con Audi llevaban tiempo en marcha, pero no estaba claro si el proyecto se refería a 2025 o a 2026. Entonces, su representante le llamó para comunicarle la fecha del anuncio.
«Yo le dije: ‘¿Qué anuncio? ¿Para 2026?’. Y él: ‘¡No, para 2025!’. Le respondí: ‘¿Pero qué dices, para 2025?’ Y él: ‘Correrás en 2025 como piloto titular’». Bortoleto estaba en su casa de Milán. Su novia estaba con él. Llamó inmediatamente a su familia en Brasil.
«Hice una videollamada con mi padre, mi madre y mi hermano y les dije: ‘Tengo que contaros algo, ¡parad todo!’. Recuerdo muy bien que mi madre lloraba, mi hermano estaba muy emocionado y mi padre no sabía qué decir».
Quizá sea el momento de la entrevista en el que el piloto deja más protagonismo a su niño interior. Porque detrás de ese asiento de F1 había años de karting, desplazamientos y sacrificios que Bortoleto había vivido desde una perspectiva diferente a la de sus padres.
«Es imposible explicar lo que significa, pero es la culminación de un trabajo que se ha venido haciendo durante veinte años. Sé cuántos días mi padre no ha estado en casa, a cuántas carreras no pudo venir a verme cuando era pequeño porque tenía que trabajar».
La familia Bortoleto no procedía del mundo del automovilismo. Su padre trabajaba en el sector de Internet y las telecomunicaciones; solo más tarde se introdujo en el mundo de las carreras brasileñas, donde hoy gestiona la Stock Car.
«Han hecho muchos sacrificios, incluso vivir lejos de mí para poder seguir con su trabajo. Y aquel día, cuando hicimos esa videollamada, creo que lo que se me pasó por la cabeza fue: es un gran logro para mí, pero para mi padre y mi madre lo es aún más. Todos los sacrificios que han hecho han valido la pena».
Quizá sea también de ahí es de donde surge una relación con el dinero bastante alejada de la que a menudo se asocia al mundo de la Fórmula 1. Cuando se le pregunta si entre los pilotos también existe una rivalidad por los sueldos, Bortoleto sonríe ante la idea.
«No me interesa cuánto ganan los demás. Me interesa tener un coche ganador y un buen proyecto por delante. El dinero es solo una consecuencia. Si eres un gran campeón, nunca faltará el dinero. Si ganas carreras, lo último por lo que debes preocuparte es por el dinero que ganas».
A continuación, añade una reflexión que dice mucho de él: «Si acaso, el problema es dónde gastarlo o a quién puedes ayudar. Si ganas todo ese dinero y no ayudas a los que te rodean, entonces no te lo mereces».
Gabriel Bortoleto, Audi F1 Team
Foto de: Andy Hone/LAT Images vía Getty Images
Bortoleto admite tener un problema común a muchos pilotos: le cuesta dejar de pensar en las carreras. Su válvula de escape son los videojuegos, incluso cuando lo que aparece en la pantalla sigue teniendo cuatro ruedas.
«Mi mente siempre está en las carreras. Necesito algo que me permita desconectar de lo que hago el resto del día. A veces el tema sigue siendo el automovilismo, pero lo vivo de otra manera. Allí me río, me divierto, no es trabajo. No tengo que buscar la perfección».
Porque la perfección, según el piloto brasileño, en realidad no existe. Al menos no cuando al volante hay un ser humano de carne y huesos.
«La vuelta perfecta, no; creo que no existe, porque la perfección significaría poder decir: ‘No tenía nada más que dar’. Puede existir una vuelta muy cercana a la perfección. La perfección no es humana. La perfección son las simulaciones del ordenador».
Quizá sea esta otra clave para comprender su enfoque. Bortoleto parece menos interesado en la idea de haberlo conseguido ya; su objetivo es seguir mejorando.
«Estudio, intento comprender. Al final, dentro de veinte o treinta años, cuando eche la vista atrás a mi carrera, no quiero pensar que no hice todo lo que podía hacer».
Vuelven a surgir esos veinte años. Primero, para entender dónde estarán él, Antonelli y Hadjar; luego, para valorar lo que habrá hecho en su carrera. Por ahora, Bortoleto acepta una Fórmula 1 en la que otros jóvenes de su generación suben al podio, mientras él está contribuyendo a construir algo que aún no está listo para ganar. No parece vivirlo como una renuncia. Más bien como una inversión.
Antes de despedirnos, queda una última pregunta. ¿Dónde estará Gabriel Bortoleto en cinco años? La respuesta llega de inmediato. «Esperemos que esté ganando títulos mundiales, obviamente con Audi».

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